LA MULTIMUJER

Hace un año comencé con ataques de pánico. A veces frente a multiestímulos (un bar con música, mucha gente, frente a una conversación en la que estoy pendiente de otras variables como “mira quién pasó por ahí”) siento que me desrrealizo, es decir, sé quién soy y donde estoy pero pierdo la capacidad empática y afectiva con la realidad, es como una pálida paranoide de leche de marihuana pero sin drogas.

Paralelo a las técnicas de respiración que me enseñó el psicólogo busqué en internet información y encontré un video gringo (“school of life” en el llutub) donde decía que era normal tener ataques de ansiedad en una sociedad como la nuestra. El ataque de pánico muchas veces es una forma de alerta y cortocircuito donde nuestra mente nos dice “amika, vive el presente, siente, deja de racionalizar tanto, estás pendiente de muchas cosas a la vez así que vamos a apagar tele para que te quedes en la cama haciendo nada un rato”. Otra forma de avisarnos el cuerpo sobre el exceso de estímulos e hiperracionalización es el jodido bruxismo, caída del pelo, insomnio, ronchas en la piel, etc.

Pero saber esta información no hace que realmente deje mis ataques de pánico y bruxismo.

¿Qué es eso tan importante que día a día me carcome la tranquilidad y el buen dormir?

Me da mucha ansiedad pensar que arriendo, no tengo sueldo fijo, necesito tiempo para escribir chistes, libro nuevo, promocionar mis cosas, podcast y nada de eso me asegura que llegaré a fin de mes. Me da ansiedad tener pareja e imaginar a base de nada, que me dejarán, me da ansiedad imaginar que me voy a morir de alguna enfermedad, quizás es el trauma no resuelto que me dejó despedir a mi mamá de un cáncer fulminante. Esos miedos (la ansiedad se sustenta en el miedo a lo que no se tiene control) los estoy trabajado bastante bien, creo, pero entonces sigo totoca, sigo apretándome el pecho de vez en cuando controlando la respiración.

Encontré un estudio en internet que dice que las mujeres jóvenes sufrimos 3 veces más ataques de pánico que los hombres. Me da la impresión que no tiene una raíz biológica sino social este problemita.

 

El otro día hablando con mis amigas decíamos qué cuatico lo común que es que un hombre cis hetero de 35 se enamore/empareje de una mujer cis hetero de 20 y que nosotras, cercanas a los 30, encontremos tan inmaduros a los hombres de 20. En general no nos atraería pololear con alguien tan menor, al menos en esta etapa donde los intereses y sabidurías de la vida pueden notarse más. Cuando hablo esto con hombres siempre me dicen “es que las mujeres son más maduras, en cambio los hombres a los 20 somos muy ahueonaos”.

Hoy, caminando con mi menstruación, agradeciendo el presente, me puse a pensar en que claaaatso po: 1) las mujeres maduramos antes, pero por culpa de los hombres. Y 2) que el hecho de que los ataques de pánico afecten tanto más a las mujeres es un problema patriarcal.

El primer punto lo explico: mientras los hombres están jugando al hombre araña, las mujeres estamos jugando a la mamá, los tíos del sur nos regalan lavadoras de barbie y en definitiva ensayamos ser dueñas de casa en vez de desarrollar fantasías y talentos. Esto en la infancia. En la pubertad el botón mamario asomado hizo que muchas perdieran la inocencia de la niñez para empezar a caminar encorvadas escondiendo los senos incipientes cuando se dieron cuenta que al salir a comprar los choferes de los autos comenzaban a tirarles sus primeros “piropos”. Supimos entonces de sexo antes que nos enseñaran en el colegio y en la casa. Supimos que eramos deseables desde los 11-12 años en la calle, con las miradas lascivas, los bocinazos y gemidos al pasar mientras los hombres seguían jugando al hombre araña. Si teníamos hermanos, aprendimos a poner la mesa y a “ayudar” en la casa antes que ellos y ya de adolescentes aprendimos a no vernos ebrias en la calle porque más que un asalto, podíamos ser abusadas. El mundo de fantasía y descuido nunca lo tuvimos permitido, somos más maduras y atadosas, claro que sí, pues es un arma de protección.

Aprendimos a disimular la incomodidad de esos microacosos callejeros, de esas tocaditas indeseables en el metro, a escapar del tío ebrio en las fiestas familiares, a silenciar abusos, a justificar violaciones y todo eso mientras hemos hecho nuestra vida normal en los otros aspectos. Somos más maduras pero a la vez más mentales. La paja mental es una consecuencia cuando no puedes expresar tus emociones.

“2) que el hecho de que los ataques de pánico afecten tanto más a las mujeres es un problema patriarcal”. Pese a todo lo anterior, la vida cotidiana, objetivos y aspiraciones las ejercemos como sujetos cualquiera en una sociedad occidental, neoliberal. Tener un buen trabajo hace años dejó de ser una aspiración estrictamente masculina pero las labores domésticas siguen siendo roles femeninos en general. Entonces aparece la MULTIMUJER!

Aprovechar la edad fértil, tener hijos, andar explicando si no quieres tenerlos, ser exitosa laboralmente, posicionarse contra todo machismo en el trabajo, enojarte por pagar isapre excesiva por haber nacido con vagina, ser feminista, luchar con sus contradicciones machistas, revisarte, ser ecológica, verte mina, cuidarte, si tienes hijos tratar de que eso no interfiera con tu éxito laboral y económico, tener hobbies, ir a terapia para sanar y ser mejor persona, superar traumas ligados a abusos, pensar en cosas del hogar mientras trabajas, pensar en cosas del trabajo mientras estás en tu casa, criar bien, ser mujer modelo y consecuente, cuidar el cuerpo, superar complejos físicos xq “si yo no me amo quién me ama a mi”, llegar raja de cansada a la casa a seguir labores domésticas, crianza, hacerse un tiempo para no ser “dejada conmigo misma” y poder depilarse, pintarse las uñas, lidiar con la ambivalencia que genera el amor de pareja (trabajar celos, inseguridad, sentir que el papá del hijo cría menos que tú, etc) enojarse con el mundo pero no poder botar la rabia porque parece que las mujeres guardamos la rabia en vez de expresarla, llorar en la ducha, mejorar la autoestima. Las mujeres no vivimos en un presente físico unitemático, vivimos en un presente mental donde pensamos todo lo que debemos hacer y lo que vendrá, para mantener un hogar funcionando a la par de las aspiraciones personales. La multimujer las tiene que hacer todas para verse y sentirse realizada. La multimujer nunca será premio Nobel porque no puede dedicar el 90% de su tiempo a una sola actividad (recuerdo esos reportaje a premios Nobel excéntricos y eran puros viejos chotos que hasta les abrían el paraguas, no tenían ni que pensar en qué cocinarse, despertaban y se iban a acostar sólo investigando o escribiendo. Detrás de un hombre exitoso hay una esposa postergada). La multimujer necesita hacer muchas cosas para sentirse empoderada, porque la empoderación parece ser no tener contradicciones, es no verse vulnerable, es verse bien y no dejarse de lado cuando se es madre, es invisibilizar la menstruación en el trabajo y trabajar hasta el octavo mes de embarazo para demostrar que no somos un cacho. La empoderación hecha mujer es la que escribe en redes sociales que duerme poco abajo de una foto donde se ve impecablemente maquillada y vestida, porque todo vale para lograr nuestros objetivos.

La multimujer tiene ataque de pánico porque la mente necesita apagarse de vez en cuando para hacer algo tan simple como estar sentada, respirar, dejar de mostrarnos y ponernos a descansar. La multimujer responde a un sistema neoliberal ambivalente: nos hace creer que debemos ser exitosas públicamente sin quitarnos la carga machista del mundo privado.

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