BODY POSITIVE

Hace un tiempo que estoy analizando por qué el movimiento del body positive me hace ruido. Quiero aclarar antes de seguir que me refiero íntegramente a lo que se entiende por “body positive” en instagram: fotos individuales que sube cada una y que después se registran en el hashtag “bodypositive” o cuentas de instagram que reclutan este tipo de fotografías. La premisa de este movimiento es el amor y aceptación del cuerpo femenino aunque no encaje con lo que el cánon espera de nosotras. Es una premisa feminista porque rompe con la norma pero la mayoría de las imágenes que aparecen replican esquemas, códigos visuales y dispositivos de vestuario femenino patriarcales aplicados principalmente en cuerpos de talla más grande. Fotos donde ahora todas las tallas pueden ser sensuales, para que las niñas no se acomplejen. Mujeres de distintos talles con lencería erótica, ángulos para resaltar las pechugas, tacos, depilación y maquillaje para verse regia que parece más una ampliación del espectro de cosificación para un espectador masculino que una liberación donde la validación de aparecer sexy para un hombre ya no sea tan importante.
Body Positive muchas veces no replantea la forma de aparecer. No cambia la lógica del mirar y la lógica del observado pues se continúa la modelo posante y vistiente para un hombre omnipresente. No son mujeres haciendo muecas genuinamente chistosas, mujeres mostrando casualmente pechugas y que ese hecho no sea el tema de la imagen, ni politizando el cuerpo desde un aspecto no cosificante como creo que muy bien lo han hecho las estudiantes en las marchas feministas. Parece que le decimos a las niñas: oye sí, tú también puedes acceder a todos los accesorios que la cultura nos puso como femeninos para que con ellos te sientas linda, eso ya no es para las flacas.
Entiendo que hay un sentido de pertenencia que estoy mirando en menos: si para muchos cuerpos esa cosificación fue negada, lo que quieren ahora es poder decidir pertenencer a eso o no. Pero entonces no me parece que el concepto “cuerpo positivo” sea el adecuado. Por otro lado solo se refiere al peso. Las mujeres quemadas, mutiladas, con masectomía, las mujeres con vitiligo, etc no aparecen dentro de esta corriente. Quizás porque ahí es más difícil encajarlo con “lo deseable”.

La falta de autoestima jamás se acaba por ser flaca y tener curvas prominentes. Es una ilusión eterna donde cada día que avanzamos y encajamos hay nuevos parámetros que sortear. Las bellas famosas inalcanzables que admiramos ni siquiera se parecen a ellas mismas, porque a pesar de las dietas y cremas millonarias son ultra maquilladas y photoshopeadas. El chiste de “si a Pampita la dejaron qué queda para mi” deja entrever que nunca hacer las miles de cosas para agradar a los hombres te asegura que te quieran y sobretodo que te quieras tú. Rihanna, ícono pop ha tenido relaciones amorosas basadas en la violencia física y psicológica ¿Qué tendría que hacer ella para dejar su dependencia emocional y cuidar su cuerpo si a sabiendas que vende millones de discos, giras, portadas, fans en todo el mundo no logra sentirse perteneciente a sí misma? El tema va más allá de cómo nos vemos: cuidar y amar nuestro cuerpo tiene que ver también con no exponerlo al peligro, con escuchar su latido, con no hacerlo más torpe por usar minifalda o tacos si vas a andar incómoda caminando raro o bajándote la falda a cada rato. Es valorarlo porque es el medio para tener una experiencia sensible con el entorno, con captar la luz, con sentir frío o calor, con el sentido del gusto, con nadar. No veo en el body positive de las cuentas de instagram nada que cambie la forma de relacionarse con el cuerpo sino una necesidad de usar el mismo espacio patriarcal de las mujeres ahora ampliando la oferta.

La cultura patriarcal está diseñada para q no nos queramos solo por existir sino que necesitemos accesorios y hombres para hacerlo. Ninguna mujer feminista está resuelta, pero mejor salir del clóset y asumir cuáles son las verdaderas pretensiones para ir avanzando con sinceridad desde nosotras mismas.

Mi conclusión por el momento es plantear el amor y aceptación del cuerpo desde otra vereda que no sea desde la imagen, pues es desde la visualidad donde aparece el adoctrinamiento: donde están las escenas de películas, revistas, el espejo engañoso y modelos subiendo fotos a redes sociales. Esa cancha está muy rayada. Propongo empezar a mirarnos menos y tocarnos más, olernos más, lamernos más. El patriarcado no ha permeado tanto en el sentido del tacto. Reconozcamos con la yema de los dedos las curvas, los pelos, los poros, las humedades, la piel turgente o flacida, los lunares o cicatrices tocándolas. Desde el tacto no hay un imaginario construido, no hay formas ricas de tocar y otras malas, hay texturas que sin importar como se vean nos parecen placenteras a ojos cerrados. Hay otro cuerpo que descubrir si cerramos los ojos y lo conocemos con otro sentido.

Cuando comencé a usar la copita menstrual metí mi mano muy adentro en la vagina y sentí la textura gordita, blandita que había ahí. Mi vagina sólo la relacionaba al sexo, pues sólo la vi representada desde un ambito erótico en la industria creativa, pero ahora la tocaba para mi estando con la regla, rallé la papa, cambió mi forma de relacionarme con mi genitalidad.
Creo que cuando te encantas contigo misma desde una exploración personal es amor propio y cuando se hace desde un modelo externo es ego y depender de las expectativas del otro nunca nos va a hacer sentir libres porque siempre va a ser un eterno “tratar de encajar”.

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