LA FERIA

No les había contado esto. Nos conocimos en el parque Forestal. Él vendía ropa usada para tener dinero para carretear, yo lo hacía para comprar los materiales de taller de mi primer año universitario.

La ropa que él vendía era infumable. Camisas y chaquetas ochenteras pero sin onda, quizás de algún tío conservador levemente cuico que se las pasó para que el sobrino inadaptado dejara de pedirle plata a los padres. Lo intuyo porque había buenas marcas entremedio. Yo llevaba ropa de mi hermana que le había sacado escondida. Era de esa ropa que siempre quiere regalar o donar pero que no lo hace porque se encariña con las pilchas y dice que pueden servir pa’ pijama. Además le había sacado un par de faldas a la tía Maritza y unos abrigos a mi mamá. Los abrigos estaban buenos, si tenía suerte y pasaba una familia evangélica capaz le harían chupete, pensaba esperanzada.

Nos fumamos un pito. Yo había fumado sólo un par de veces en la u de pura mona, fumar me daba sueño pero no quise negarselo a él, le había echado el ojo el domingo anterior cuando no pescó porque se la pasó leyendo mientras nadie le compraba la misma ropa que insistía en deshacer hoy. Cuánto lleva vendido vecina, me preguntó esta vez a las tres horas de instalados en la feria. Seis luquitas le dije, calculando que dos mil pesos de esos se irían para cargar el pase semanal. Ah, piola, yo llevo $700, vendí la polera del duoc que traje, las hueás que compra la gente, me dijo. De fondo se escuchaba una mini batucada con cabros haciendo tela a su alrededor.

Me dio un orgasmo cuando vendí un abrigo beige de mi mamá a ocho lucas a una gringa. Mi vieja creería por siempre que el abrigo se le quedó en Los Ángeles cuando visitó a sus hermanos en el sur y la gringa creería que ese abrigo de verdad era tejido por mujeres indígenas nortinas. Jaque mate.

Mi vecino feriante era un perdedor sin la ropa hipster adecuada para vender en ese barrio, pero era bonito, no rico, no mino, sino bonito, qué se yo, le hice ojito así que tras hacerle la gran Frafra a la gringa, dejó su puesto tirado y se sentó a mi lado. Pasaron unos cabros vendiendo hamburguesas de soya, les compró una y se le fue la plata de la venta. Pal bajón dijo y ahí fue cuando sacó el pito. Lo fumamos entero. Conversabamos mientras nuestros hombros chocaban, yo estaba china, él parecía normal, quizás un poco en la pálida, pero como nunca me había drogado tanto creí que era normal. De repente siento algo incómodo, por debajo de la falda de feriante que traía puesta me picaba la vagina porque se me había metido una hormiga del pasto, me picaba mucho, necesitaba rascarme y estaba tan volá que me rasqué por encima no más, y cuando comencé fue tan placentero que lo hice fuerte no más, porque no era sólo una, tenía un equipo de hormigas penetrandome, embarazandome, haciendome sexo oral, todo eso pensaba voladísima mientras me rascaba con fuerza, el ceño fruncido, acomodando y desacomodando calzón. Este otro cabro me miraba y creyó que me estaba masturbando así que se empezó a tocar el pico al lado mío ¡Qué hueá! Le dije. Entendió cuando le expliqué lo de las vagihormigas, nos cagamos de la risa, hicimos el angelito en el pasto mirando el cielo, vendí entremedio una polera cuma de mi hermana a quina, me volví a tirar al pasto, estaba todo dandome vueltas, nos dimos un beso cunetiado, luego un piquito hasta que escuchamos unos silvidos a lo lejos. Recuerdo gente corriendo, pacos con lumas, universitarios y jóvenes enfrentando, pacos acercándose con caballos, otros corriendo en patota, un par de perros, todos los civiles, jóvenes flacuchentos apretando cachete, desatando las telas de los árboles, guardando instrumentos, los cooler con las soyas tirados. Nos paramos mareados, pesqué el chal, la mochila de camping donde traía la ropa para vender y me ajusté el banano y partí corriendo. Zalaquett reculiao alcancé a gritar hasta que miro atrás y veo cómo se llevan a mi compañero ¿Cómo se llamaba? Me devolví a buscarlo echando garabatos y me dijo “corre no más” mientras un paco salido detrás de un árbol se tira sobre mi orgulloso de reprimir la delincuencia de este país.

La feria volvió intermitentemente los domingos siguientes pero no lo volví a ver. Por un año entero fui secretamente a buscarlo más que a hacer las monedas para materiales y la feria ya habitualmente reprimida se intercalaba entre el Forestal y plaza Yungay. Lo busqué en los grupos de facebook de feriantes, lo busqué con la mirada y fui a la feria hasta con la misma ropa para que me reconociera y no pasó nada.

Ni perdón ni olvido, Carabineros de Chile.

One Comment

  1. Mario Loyola

    EXCELENTE! ME REÍ A LA CRESTA!!

    SOLTERA, ERES MUY BUENA, SERIA RICO CONOCERTE

    CARIÑOS

    MARIO ALAN

    ________________________________ De: Confesiones de una Soltera Enviado: lunes, 30 de abril de 2018 22:54 Para: alanperson2007@hotmail.com Asunto: [New post] LA FERIA

    confesionesdesoltera posted: “No les había contado esto. Nos conocimos en el parque Forestal. Él vendía ropa usada para tener dinero para carretear, yo lo hacía para comprar los materiales de taller de mi primer año universitario. La ropa que él vendía era infumable. Camisas y chaque”

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