CAMILO EL INTENSO

El baño del departamento del Camilo era como el baño de un bar universitario, esos bares donde vas a mear y piensas que si te sientas por lo bajo te embaraza el w.c. mientras al lado escuchas a alguien vomitar y por fuera una fila de mujeres te grita “yapo socia suelta el mojón luego, queremos usar el baño”. Así era el baño del camilo en un departamento del piso 13 ¿Cómo alguien rayaba las paredes de su propio baño con nombres de mujeres que después borraba para agregar un nuevo nombre al lado? No tenía cama, el colchón en el suelo y la mantita de polar hacían las veces de cama-sofá y mesa para almorzar. Es que vengo llegando hace poco a Chile ¿cuándo llegaste? preguntaba yo de vuelta, HACE DOS AÑOS respondió él. CTM donde me vine a meter. Dónde estará ese matemático que en su tiempo libre tiene una banda que siempre deseó la tía Maritza que yo encontrara? aquí estoy de nuevo, analizando si estoy en ese departamento por calentura o autoviolación. Me da lo mismo el depa roñoso, he dormido en cajeros automáticos en playas cuando no he tenido donde quedarme, si el problema era que Camilo me besaba un poco, me corría mano con una mientras con otra espantaba las latas de cerveza vacías de la cama y al final de cada suspiro entremedio, me hablaba de su ex.

Como no estaba enamorada porque lo acababa de conocer no me importaba tirarmelo y después no verlo más, no me importaba si hablaba de su ex porque a las 4 am me daba lata devolverme a la casa y todavía quedaba pisco sour. Al final tiramos, por mi estuvo excelente pero él se quedó mirando el techo culposo de hacerlo por primera vez luego de esa relación intensa de 4 meses. Que no se pueda simplemente tirar y pasarlo bien en este país! Al día siguiente salimos a desayunar y mientras manejaba un escarabajo buscando un restaurante me hablaba del amor libre, que no había que tener ataduras. Sí ctm pensaba yo, quien quiere ataduras cuando aún no se supera un NO-POLOLEO de 4 meses. Pero algo demoniaco había en su pegadez, algo que ya me ha pasado antes… algo como: Te gusto lo suficiente para tirar conmigo pero aún no superas a tu ex, TENGO QUE DAR VUELTA ESTA SITUACIÓN, TENGO QUE HACER QUE ME QUIERAS A MI. ¿Sano? por supuesto que no, ¿real? Sí. Me calenté tratando de hacer que Camilo se enamorara de mi. No me importaba que hablara puras hueás obvias como si fueran cosas inteligentes ni que tuviera el pelo pegado como caso de bicicleta por no lavárselo porque según él iba a quedar pelao, me importaba sólo que me quisiera tirar de nuevo y dejara de hablar de amor libre para pegarse el descarte conmigo.

En vez de pasar a desayunar nos bajamos en un restaurante peruano que estaba recién abriendo y haciendo aseo y compramos una botella más de pisco sour. Nos estacionamos cerca de un árbol grande que nos tapaba y nos pusimos a conversar , fumar y beber dentro del auto.

Siempre fui esa persona que cuando llega a una fiesta hace un chequeo rápido por si hay alguien coqueteable. Salir sin tener tensión sexual con alguien me parecía aburrido. En una esquina la noche anterior estaba el Camilo tomando solo sin mirar a las mujeres heteros que bailaban como si de verdad se gustaran sólo para parecerles atractivas a los otros tipos que miraban con el vaso en la mano. Me gustó porque sabía que no estaba interesando en nadie, me gustó porque sabía que no me iba a pescar como yo quería. Me gustó porque me lo tenía que ganar y si algo resultaba, lo iba a pasar mal.

Terminamos ebrios en el auto a las 10.30 am mientras la gente ya salía a regar sus antejardines con el cielo nublado. Ya po tiremos por favor por favor le pedía al Camilo mientras le daba besos en la boca que respondía inerte como si no le molestara particularmente pero que de ninguna manera él iba a buscar por cuenta propia. Ya po estoy demasiado calien– ya bueno, un poco no más respondió por mi insistencia y tiramos rapidito y dejamos manchado el asiento trasero. Ese escarabajo estaba lleno de polvo, creo que me picó el poto como 3 horas después de tirar.

Dormimos un rato en el auto y nos fuimos a mi departamento. Dormimos una siesta en posición cucharita (yo le puse el brazo a mi alrededor) y ya a la hora de almuerzo decidimos ir al cine. Aún quedaba pisco sour. Tomamos lo que quedaba, salimos con lluvia y sin paraguas y fuimos a ver un documental iraní sobre dos DJ’s que querían tocar en Europa.

Le corrí la paja toda la película, él sacó una petaca del bolsillo de su chaqueta y seguimos tomando adentro. Llevaba 6 horas sin hablar de la ex. Estoy ganando.

Nos fuimos a un bar y por primera vez y ebrios comimos algo. Pasaron unas mujeres afrodescencientes por al lado y me dijo que le gustaría pololear con alguna mujer así. Puta la weá, no era su ex, ¡son todas las mujeres la competencia! me resigné y traté de mirar descaradamente a los hombres sentados a mi lado pero cual de todos era más feo.

Pagamos la cuenta a medias y me fui. No más Camilo, no más hueones que me gusten sólo porque no les gusto lo suficiente pensaba mientras apenas siendo las 5 pm caminaba distorsionada y con el pelo mojado por la lluvia . No quería llegar a mi casa pero no tenía nada más que hacer.

No le hablé por dos semanas, hasta que comencé a recibir invitaciones de él para salir juntos: a la playa, al teatro, bar, cine, casa, parque. Y entonces cuando entendió que no lo iba a buscar me dijo: es que no me gustabas porque no te tuve que ganar.

Camilo culiao, eramos patéticamente iguales.

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