QUE EXPLOTE TODO

Una vez un amigo de la pega me contó que tenía una fiesta de disfraces con la temática del Príncipe del Rap (SOÑAO). Y luego en la micro, hablando de cómo iría, me contaba que se disfrazaría de la abuela que aparece en la intro. Entonces le pregunté si ya tenía la ropa y la peluca y agregué que iba a tener que maquillarse la cara negra para parecerse más. Mi amigo me dijo que eso no, que para los afrodescendientes eso es discriminador. Y le dije, no po, es que si no te pintai vas a parecer cualquier señora. Y mi amigo me decía de nuevo que para los afrodescendientes es discriminador. Y yo le decía que cómo iba a ser algo malo si era para personificar mejor al personaje, como usar peluca blanca si alguien es anciano. Y mi amigo me decía de nuevo que para los afrodescendientes es discriminador. Y yo le decía que ná que ver, que es como ponerse lentes de contactos. Y mi amigo me decía de nuevo que para los afrodescendientes es discriminador. Y yo le decía que ná que ver, es como ponerse guata si te vas a disfrazar del señor barriga o ponerte un corporeo rosado si eres la chancha Pepa. Entremedio de esto, mi amigo con el celular buscaba las páginas gringas donde se exponía el tema y yo a la vez escuchaba a ver si me convencía. Hasta que de repente CONCHETUMADRE. Me di cuenta… era esa persona que desde mi tipo de privilegio no era capaz de empatizar con las personas oprimidas. Necesitaba que me convencieran, no me era suficiente saber que para cierto grupo una acción de “blancos” era racista. Era como esos hombres que tanto odio, que cuando le dices que no te gustan los piropos se niegan a creerte y tienes que convencerlos para que dejen de decir “aaay si igual te gusta que te digan que estai rica en la calle”. Y ahí caí en cuenta que el privilegio es invisible, tan invisible que solo cuando vemos la Teletón nos damos cuenta que tenemos dos piernas y cuando alguien se va a morir de una enfermedad agradecemos estar vivos. El privilegio pasa desapercibido como una ducha de agua caliente larga mientras piensas cosas, lloras, te corrís la pajita con el chorro, meas hasta que vas a un camping barato y te bañas con agua helada y ahí recién eres capaz de empatizar con que hay gente en Chile y el mundo que ni siquiera tiene agua potable.

Me sentí avergonzada de mi actitud inicial frente al disfraz de mi amigo pero después caché que sólo me demoré el viaje en micro en aprender que estaba en lo incorrecto. Y esto se lo atribuyo al feminismo, pues aprendí a cuestionar los espacios de poder y a sensibilizar con otras minorías.

Este viaje del feminismo al comienzo me tenía odiando todo. Mientras más leía mas entendía hueás de mierda, como por ejemplo que el diagrama de la evolución del hombre desde el 1er cavernícola hasta el de hoy sólo muestra el cuerpo masculino, el femenino no aparece, no sé cómo ha cambiado nuestro cuerpo, nuestras tetas, nuestros pelos y postura, porque lo universal se enseña bajo lo masculino.
Para dejar ese enojo, decidí ir conociendo mujeres feministas que se sintieran enojadas como yo, mujeres que desde su disciplina se cuestionaran todo a su alrededor. Y entonces en esta búsqueda he llegado hasta Arelis Uribe.

A la Arelis la conocí como he conocido a todas las feministas jóvenes que no han sido compañeras mías en la universidad: primero veo un tuit o una columna que me hace sentido, luego busco el nombre de la autora, posteriormente con ese nombre la sicopateo en facebook emocionada y por último le mando un mensaje: “Hola, soy la Solte, te amo eres seca, quiero invitarte a mi podcast”.

Había leído su primer libro “Quiltras” el año pasado y ahí le dije al amigo que tenemos en común: HUE-ÓN tengo que hacerme amiga de ella, pues los textos eran tan clase media, tan de mujeres en esos microespacios emocionales, tan de esas situaciones poco grandilocuentes pero que llegan como puñaladas que tienes que aguantar sola porque ¿A quién le importa?

Pasó el tiempo y nos conocimos, vino al podcast, descubrimos que somos vecinas y un día comiendo completos hablamos de los privilegios invisibles de nosotras por ejemplo haber estudiado en universidades emblemáticas, vivir en Santiago, vivir en el centro. Sólo por esas cosas automáticamente recibimos beneficios y visibilización. También hablamos sobre cómo por haber sido periféricas nos tuvimos que sacar más la chucha para ser inteligentes porque todo lo que nos rodeaba no nos estimulaba para “tocar el cielo” sino para ser funcional al sistema sin cuestionarse tantas cosas.

Días después fue el lanzamiento de su segundo libro: QUE EXPLOTE TODO. Y me lo leí en una sentada… sentía que sabía sintetizar en perfectas líneas y ejemplos mis ganas de quemar Chile: mis ganas de saber si hubiera sido buena en algún deporte pero que por haber ido en un colegio con jornada completa y con un patio de mierda donde sólo se jugaba a la pelota nunca sabré; mi rabia porque todo lo neutro se ponga siempre en masculino, como por ejemplo las mascotas de los mundiales como expone ella; mi rabia porque sea normal que de frentón no hayan mujeres en programas emblemáticos que todos vemos o que haya sólo una, y encima sea el personaje débil que todos pasan a llevar, como lo es Patana de 31 minutos.

La Arelis está en la etapa que estamos muchas: Visibilizar el machismo te caga la vida. Ya no te da risa el Dino Gordillo con sus eternos chistes de mujeres hinchahueás que lo único que quieren es sacarle plata al marido. A la Arelis ya no le da risa Les Luthiers porque se da cuenta que los chistes son igual que los del Morandé, usando a la mujer como objeto, donde el chiste es tocarla y que ella se enoje, casi como la Marlen Olivarí a comienzos de los 2000 cuando apenas un tibio “oiga” retaba al tontin de che copete que le tocaba la raja.
Los amigos de Arelis son como los de todas, hablan de las mujeres, de sus potos y tetas pero si le preguntan de vuelta si tienen la tula chica o si se les para se ponen rojos y encuentran incómoda la pregunta. La Arelis sabe que los cuicos nunca deciden qué estudiar en base a lo que les alcanza el dinero o a un horario para poder trabajar de noche. La Arelis sabe que la deconstrucción empieza por una misma y al darse cuenta que leía solo libros escritos por hombres, comienza a hacer el ejercicio inverso. La Arelis sabe que todas, absolutamente TODAS hemos sufrido abuso, en la calle, carrete, universidad, en la familia o donde sea y le da pena. La Arelis se cuestiona todo, porque también es una minoría y serlo la deja mas atenta y afectada cuando a otra u otro lo relegan.

El machismo nos tiene enojadas, pero el feminismo nos junta para intentar cambiar cosas. Su libro “Que Explote Todo” de la editorial Los Libros de la Mujer Rota es quizás una escapatoria, una pluma que quita los tumores en el útero que saldrían al guardarse esa rabia, un libro que moviliza y que tiene un nombre muy buen puesto, porque después de leerlo te vai a juntar con tus amigas para trazar el plan que va a terminar con el machismo, con la desigualdad, con el trabajar 10 horas diarias y desplazarse una hora de ida y otra de vuelta como si fuera normal e incluso debieras estar agradecido, te darán ganas de quemar Chile o por lo menos, de cambiar tú.

2 Comments

  1. íñigo l.

    Hay un nuevo movimiento en el mundo. Se llama “personismo” y sus premisas son muy simples.
    Lo que tienes enfrente si es humano, es una persona.
    El pasado sirve para aprender.
    No te creas lo que te cuentan otros, averígualo por ti mismo.
    Y alguna cosilla más sin importancia.
    Ah! No olvides que para disfrutar de piel compartida si es importante la distinción natural entre hombre y mujer.
    Un abrazote!!!

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  2. JeanneTT

    Iñigo:
    y si es humana?
    Y si todo lo que arremete contra su humanidá no es natural, sino, cultural? Sigue siendo personismo – con un toque según lo descrito de loqueofeministasinconscienciadeclase- ?

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