EL MIEDO AL VACÍO

La tía Maritza se niega a desarmar alguna de las camas en desuso luego de que su hija y sus sobrinas se fueran de la casa a un lugar mejor, un lugar de 50 mts cuadrados a 350 lucas cerca de algún metro.
Tiene una casa con dos sofás de cuatro cuerpos, dos sitiales y una banca en el living, dos comedores y dos cama de dos plazas más una de una y media.
Deja una pieza para pintar, planchar o hacer manualidades le decimos para motivarla. Ah, ya están de nuevo jodiéndome, si las tengo para cuando vengan visitas o ustedes mismas, para mis futuros nietos, no sé, nunca está de más, nos responde y se para a fumar. Todas las camas vacías tienen calientacamas y todavía se compra juegos de 12 vasos para la vez anual que se justifique tal cantidad, probablemente para navidad o su cumpleaños.
Es el miedo al vacío, la negación al “ya crecieron y se fueron”, el miedo a saberse sola, si ya no se topa con alguien en el pasillo por lo menos que choque con cosas. No sé… Escribo esto sobre mi tía desde mi cama de dos plazas, la que compre soltera pensando que la haría zumbar. Soy igual a la tía Maritza, puta la hueá!

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