EL MATRIMONIO

Odio los eventos familiares, no sé qué hacer en ellos más que sonreír en la foto grupal. El resto del tiempo me siento rara, como un skater viejo, como gótica en almuerzo familiar o como un volantín en enero, rara y solitaria. Estoy todo el rato revisando el celular, yendo al baño a mojarme el pelo o en la cocina abriendo el refri y sacando con los dedos las papas mayo. Y bueno, a una prima del sur se le ocurrió casarse, todavía no entiendo porqué me invitó si ni siquiera nos tenemos en facebook y me dice Pamela en vez de Paola. En fin, las buenas historias comienzan así: yendo a un lugar donde no querías ir.

Yo no voy casi nunca a matrimonios, la clase media emergente no se casa a menos que quieras llevarte a tu pareja por Becas Chile al extranjero o te hayas enamorado de un europeo. Los cuicos se casan para hacer relaciones públicas y los pobres por amor y mi prima estaba muy enamorada. Llegando al gimnasio del colegio donde se haría tamaño evento, vimos que todo tenía forma de corazón… pero de corazones azules… PORQUE EL NOVIO ERA DEL BULLA, CONCHETUMARE.
Fui súper arreglada, porque era mi primer matri siendo adulta y cuando tienes tan pocas chances de arreglarte así lo das todo, básicamente mis referentes fueron googlear “Jessica Alba Premios Oscar” “Peinados Globos de Oro” y comprarme un vestido largo y apretado que resaltara el micro poto. Caminar casi no podía porque abajo era muy estrecho, pero bueno, quien quiere moverse y respirar cuando sólo vas a sacarte fotos ¿cierto?

Mi prima es evangélica así que no había copete y para ahorrar dinero nadie pudo llevar acompañantes así que iba a tener que estar sobria y sola toda la noche. Al menos la Tía Maritza atinó y se llevó una petaca escondida y nos pusimos a tomar en un rincón como si estuviéramos tomando Cooler en caja en las bancas de una plaza mientras alrededor pasa la Paz Ciudadana.
Llegaron los novios y la tía Maritza estaba curá hablando mal del Mamo Contreras (siempre que se cura habla de la dictadura o del terremoto del 85′) así que la escondieron para que el pastor no le cachara el tufo. Por mi lado, pesqué el celular y le dije a un Tinder con el que nunca me había juntado en persona pero que ya había sicopateado en facebook, que me fuera a buscar a la 1 am. Me quedaban 4 horas todavía en el lugar.

Vimos en cámara lenta como se bajaba del auto mi prima. Estaba vestida tan pomposa que parecía dama antigua en vez de novia. A mi me da lo mismo la religión que profese cada uno, pero ¡why, why, whyyyy los evangélicos se visten tan como el hoyo si tienen internet! El novio fue de terno AZUL y miraba a su jefe desafiante, como marcando que ese era su territorio que ahí él ponía las reglas. El jefe a su vez miraba todo a su alrededor y decía “qué pintoresco todo esto” y sonreía nervioso. Los hermanos del novio me estaban joteando pero a mi me había gustado el jefe así que pensé que si al menos iba a tener que estar 4 horas ahí metida tenía que pasarla bien.
Cuando ya estábamos sentados en las mesas comiendo, apareció mi prima y se puso a cantar “El hombre que yo amo, sabe que lo amo”, aunque ella cambiaba el “sabe” por “sae” y después no pudo evitar contarnos con el micrófono que esa canción la hizo ganadora de 100mil pesos en el programa Cuánto Vale el Show. Todos aplaudieron y mi abuelita con los ojos llorosos miraba chocha a su nieta famosa.
Me senté al lado del jefe, porque si no tenía copete para meterme, al menos podía meterme en problemas, así que comencé a coquetearle, pero el viejo ni me pescó, le dio color. Así que me devolví a mi mesa y llamé a mi tinder para que fuera cuanto antes.

Llego el tinder, no entendía por qué había ido tan arreglada “a una kermese”, creyó él. Nos fuimos en colectivo hasta Moneda con la Alameda y caminamos hasta av. 10 de julio, donde tenía una fiesta. Caminamos y caminamos. Yo con unos tacos de la tía Maritza, dando pasos de 10 cms de largo por culpa del vestido y maquillada como drag queen. No le dije que me dolían las patas, no me dijo que me llevaría en brazos. Llegamos a una fiesta culiá peor que el matrimonio… era un amigo CON SUS PAPÁS Y TÍOS y nosotros dos haciendo un asado en la madrugada. Estaban con la tele prendida tomando ron y jugando cartas y la parrilla afuera en el antejardín. Ya filo, peor es la muerte, pensé. Jugamos al poto sucio y al mentiroso-mentiroso mientras por debajo de la mesa el tinder me tocaba la pierna, pero a medida que fui tomando, más feo encontraba al tinder culiao, y más miedo me daba esa familia, porque o yo estaba curá o el padre se parecía mucho al hijo pero les juro que creí haber visto al hijo agarrando con la mamá, bueno, puede que me equivoque también ustedes saben como me pongo con copete. Al final por la hora terminé durmiendo en el sofá y apenas salió el sol me fui a Maipú a la casa de la tía Maritza en micro con el terrible vestido largo de terciopelo cochino. De Jessica Alba quedaban los puros zapatos que llevaba en la mano, unos Gacel que mi tía cuidaba como hueso santo.
Cuando llegué a la casa, la tía Maritza no estaba. Se había ido a la playa a huevear con los hermanos del novio, dejando una nota el el refri: por hueona, te lo perdiste!

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