DESPUÉS PAGAS

Hace unos días pedí un Uber para ir a buscar una caja grande a otra casa.
El chofer me ayudó a llevar la carga al auto, a dejarla en otro lugar y luego a devolverme a mi hogar con más carga. En el trayecto fuimos conversando muy buena onda. Me contaba porqué había dejado la pega estable para poder disponer de su tiempo e hicimos click en eso porque yo venía de lo mismo. Después de reírnos harto rato, ya casi llegando a mi casa me invitó a fumar pito pero le dije que no porque tenía que terminar una pega y con pito quedo inoperante. Entonces me pidió el número de WhatsApp y me invitó a salir. Como me cayó bien le di mi número, lo encontraba feo y no me atrajo nada, pero no lo tomé como una invitación coqueta sino amistosa. Apenas agregó mi número me dijo “no se enoja tu pololo, cierto?”. Como cambió el tono, asumí que en el fondo estaba preguntando si yo tenía pareja, así que por inercia dije “no se enoja, sabe que no me gustan otras personas”. Ahí me sentí como mi versión universitaria cuando en las discos para espantar a los jotes decía que tenía pololo, porque para los otros tipos no era suficiente el hecho de que simplemente no quisiera bailar con ellos.
El Uber entonces me dejó en la casa y saqué un billete para pagarle todos los viajes y un poco más por haberme ayudado a cargar las cajas. No me lo recibió, me dijo “después cuando salgamos me lo pagai” y hubo un silencio incomodo. Sólo dilo, pensaba, di que pagar después es pagar en carne, o por lo bajo pagar “después” es sentirme comprometida a salir contigo porque te debo plata. Pensando esto le tiraba el billete mientras me bajaba y pedía que abriera el maletero. Y él metía el billete en mi bolsa de mano. “No, en serio, después cuando nos veamos pagas tú”, dijo haciendo explícita la deuda ¿Por qué no me atreví a decirle que a estas alturas ya no saldría con él? Como me empecé a sentir incómoda baje las cosas de la maleta y le dije que bueno, que ya tenía mi número y que podíamos ir por un café. “Por unas piscolas mejor, ¿o acaso tu pololo te da color?” Uh, el feo culiao a esa altura me tenía chata. Le tiré el billete al maletero luego de bajar mis cosas y abrí la reja del edificio. Nos vemos entonces, dijo tratando de despedirse de un beso muy cerca de la boca. Le saque la cara y cerré la reja. Me alcanzó a dejar el billete en la ropa y se fue.
Menos mal le había dado mi número cambiado. Cuando quedas en deuda con alguien que no conoces, quedas en una obligación implícita de volver a salir con esa persona o a veces durante la misma cita quizás sientas debes darle aunque sea un besito “porque como lo vas a dejar con las ganas si gastó tanta plata’.

Voy a terminar con una frase UDI: Perkines, se les acabó la fiesta.

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