CAL Y CANTO

Salimos de La Piojera cuando nos echaron. Adentro nos habíamos hecho amigos de unos gringos que al final nos pagaron la cuenta así que teníamos dinero extra para hacer cualquier maldad. Los gringos quedaron fascinados con nosotros, le enseñamos a decir “sapoculiao”, mientras entre las risas el Cristóbal me tocaba la pierna con el zapato. TATE. Nos vamos a comer pensaba mientras seguía bajando los terremotos y mientras convertíamos a los gringos en flaites con todas las hueás que les estábamos enseñando.

Fuimos caminando destartalados corriendonos mano. La noche estaba borrosa y el Cristóbal cada vez más mino. Seguíamos caminando mirando para todos lados, buscando lo mismo sin decirlo. El Cristóbal también estaba mareado, mientras recorríamos las calles más escondidas pasás a pichí hablabamos sin modular diciendo cada tres pasos “weón pal piiiiiiicoooo”. Estabamos buscando un motel. Entre ambos teníamos 15 lucas ¿Cuánto costará tirar un ratito en este país? Entramos a un sucucho y nos dijeron $20.000 las dos horas. Tsssss yo ya sabía que el Cristobal la tenía media chica y yo esa noche estaba en mi última jornada de regla, iba a ser oficialmente la cacha más fea registrada en la ONU, no iba a pagar el excedente con las 5lucas q tengo siempre en el bolsillo secreto para casos de emergencias en algo tan poco estético. Seguimos caminando, el Cristóbal se cayó y yo de curá en vez de recogerlo me acosté en el suelo al lado de él y nos pusimos a hacer el angelito en el cemento. Después me dieron ganas de hacer pichí, el Cristóbal se puso a mear la rueda de un auto mientras yo entré a un café con piernas rogando para poder usar el baño. Cuando salí del baño el Cristobal le estaba pasando $10.000 a una de las chicas para que le diera un topon. Lo saqué cascando del brazo. Ahora por su culpa teníamos 5 lucas para motelear. En su casa no se podía porque compartía pieza con su hermana, en la mía menos porque vivía con la tía Maritza y si dormía con un man era capaz de devolverme al útero y no dejarme nacer. Seguimos caminando cabizbajos, chocándonos los hombros cuando tratábamos de abrazarnos hasta que los ojos desorbitados del Cristobal se iluminaron. $5000 sólo por esta noche decía. Ta diciendo. Entramos al motel, tenía una sala principal iluminada, con decoración ochentera y un sofá de cuerina medio roto al frente de la caja para pagar. No había nadie en la caja, así que avanzamos por un pasillo cortito y apareció una mini pieza con un sofá de terciopelo rojo y una lámpara gigante en el techo. Acá no más, me dijo. Cerramos la puerta, me recosté en el sofá, por cinco lucas tampoco esperaba una cama. El Cristóbal se puso arriba mío y mientras se sacaba el cinturón me quedé en la ebria pegada mirando la lampara de lágrimas gigante sobre su cabeza. Yo me saqué el calzón con cuidado, corroboré que la toallita no estuviera manchada porque #últimodía y comenzamos a tirar. Cerré los ojos, le apreté la espalda, el Cristóbal gemía como tuberculoso – pta q se pone feo para tirar ese hueón- y de repente siento una respiración diferente en mi oreja. Abro los ojos, la cabeza de Cristobal estaba al otro lado, apretado contra mi, apoyando la pera detrás de mi hombro derecho. Miré al lado izquierdo y habían dos niños chinos boquiabiertos. Empujé al Cristobal. Los niños chinos estaban comiendo alollao plimavela y por afuera se escuchaba a la mamá gritándoles en chino. Nos vestimos tan rápido que cuando me subí el pantalón y nos sentamos cuasi inocentes cachamos que el calzoncillo del Cristóbal estaba afuera y que el chino más guaguito de ambos estaba parado sobre él y la china madre al irrumpir en la salita lo alcanzó a ver.
Hasta el día de hoy no sé qué nos habrá gritado. Casi no recuerdo lo que decía mientras nos tiraba el pelo hasta llevarnos a la calle. Puta Cristóbal culiao nunca más te hago caso, le decía, era obvio que era un restaurante chino, quién chucha tiene fox sport a las 3am en una sala de espera de motel. Cristóbal me acompaño a tomar un taxi mientras él repetía las palabras chinas como tratando de aprendérselas de memoria. Con las 5 lucas del bolsillo llegué a dormir donde una amiga y el Cristóbal, que no se llama así, ahora debe estar leyendo esta historia.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s