EL REGALO

Cuando la Sarita estuvo de cumpleaños invitó a toda la cuadra, por supuesto incluyéndome a mi y a mi hermana. En el barrio éramos una gran familia. Todos se sabían los problemas de todos: el más cagao, el que estafó al otro vecino con plata, la vieja loca (que era mi tía Maritza), el facho, los ex alcohólicos ahora convertidos en evangélicos, los que pegaban con la correa y todos nos ayudábamos con lo que podíamos. Pero mi tía Maritza nunca aceptaba ayuda del resto, creo que el hecho de saberse en necesidad le provocaba sentimiento de inferioridad. Y bueno, es por eso que para el cumpleaños de la Sarita, al no tener plata para comprarle un regalo, la tía Maritza no nos dejó ir.

Eran las 5 de la tarde de un sábado, con mi hermana aburridas mirabamos por la ventana a ver si los otros niños salían  a jugar para poder sumarnos, pero no pasaba nada. De repente a mi hermana se le ocurrió la genial idea de buscar entre nuestras cosas algo para regalarle a la cumpleañera. Sacamos calzones que nos quedaban chicos, linternas viejas, cassettes con canciones grabadas de la radio, revistas de Casa y Decoración que venían en el diario, trabajos hechos con fideos que habíamos hecho para el día del padre e incluso el regalo que la Sarita misma le había dado a mi hermana para su cumpleaños pasado -eran unos aros que se los habíamos visto puestos a su vieja y por eso a mi hermana le había dado asco usarlo-. En eso, llegó a la casa el tío Maritzo y traía consigo un papel grueso enrollado en la mano, le preguntamos qué era y nos dijo que un póster de un famoso. Con mi hermana escuchamos esas palabras como si fueran la respuesta a nuestro problema, se lo arrebatamos de la mano y partimos corriendo a la casa de la Sara. Yo me devolví a buscar un Rush Tammy para arreglarme un poco ya que no habíamos alcanzado a ponernos una tenida especial.

La Sarita nos abre la puerta. Estaban todos los vecinos comiendo torta y nos hicieron pasar. Comimos, nos reímos  y jugamos hasta que llegó la hora de abrir los regalos. Hicimos un círculo alrededor de ella todos los niños, vecinos y sus familiares y comenzó la ceremonia. Los regalos terminaron siendo casi puros chocolates Capri, unas colonias Coral y unas poleras con etiqueta y precio que sus tíos cuicos le habían regalado. Hasta que llegó ese tubo misterioso enrollado. La Sarita emocionada, le sacó el scotch creyendo que era un poster de los Backstreet Boys o algo así y con mi hermana emocionadas esperábamos sorprendernos también. La Sarita comenzó a desenrollar el papel y su rostro de feliz poco a poco cambió a serio y luego a una expresión que ahora reconozco como “¿Qué chucha?”. Lo estiró, lo dio vuelta y todos vimos que era un póster que decía “Lagos Presidente” con el rostro del entonces candidato. Mi hermana muy diplomática le explicó a Sarita que era un póster de un rostro de la TV y que podía pegarlo en su pieza junto al de los Vengaboys y al de Luis Miguel.  Sarita se convenció pero los papás de ella tomaron el regalo y disimuladamente lo sacaron del resto de regalos amontonados.

Tiempo más tarde Lagos me daría otra alegría, fue el primer famoso que vi en persona y que me dio la mano. Fue una noventera tarde soleada cuando en plena campaña empezó a regalar abrazos en el Paseo Ahumada, en ese momento le dije al oído “la Sarita tiene su cabeza pegada en la pieza” a lo que mi amigo Ricardo respondió como si no hubiera escuchado ni mierda lo que le dije: “sí, gracias, de nada”.

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