NAVIDAD

Trataba, con extremo esfuerzo, no dormirme antes de la medianoche para alcanzar a ver al viejito pascuero. La semana previa a la navidad me daba esa emoción y ansiedad infantil igual a la de la noche anterior a los paseos que hacíamos a la piscina con los demás niños de la cuadra.
Pero todas las “nochebuena” era lo mismo: me quedaba dormida en el sofá y despertaba al día siguiente con pijama. Puta la hueá, me lo había perdido de nuevo.

La Connie era una compañera de curso que me caía como el hoyo, me decía orejona, enana, potocochino y piojenta cada vez que me sacaba mejor nota que ella. Y yo no podía defenderme porque ella era popular, había ganado fama un primer día de clases en la que nos mostró un autógrafo del viejito pascuero en una hoja de oficio.
¿Por qué chucha a ella le pasaba todo lo bueno? tenía colación de jugo + galletas todos los días, el cassette original de los BSB, plata para comprarse stickers después de clases y ahora más encima el autógrafo de un famoso, el esquivo Santa Claus.
Así que en diciembre de 1998 pensé: Constanza, se te acabó la fiesta. Estuve decidida a lograr un saludo del viejo pascuero, no podía ser un simple autógrafo, debía ir más allá. Para eso, pesqué mi radio, un cassette virgen (o quizás con canciones de la Radio Carolina puestas encima) y mi micrófono y me propuse estar despierta para entrevistar a Santa Claus en navidad.

22:55 Ya estoy cagada de sueño. Mi hermana y mi mamá se ofrecieron despertarme a las 12 en punto pero ya no confío en ellas, mi vieja me había traicionado la vez que le pedí que me avisara cuando pasara el ratón de los dientes a buscar mis paletas. Esa vez argumentó media torpe que no pudo avisarme porque el ratón sacó un cuchillo y la amenazó con atacarla si me despertaba para verlo. Mi mamá nunca supo contarle cuentos a los niños, por eso trabajaba cuidando ancianos.

23:15, estoy echa mierda mirando un punto fijo para no dormirme. Con una mano aprieto tanto el micrófono rosado que mi hermana cree que estoy enojada por algo. Con la otra mano me afirmo un ojo a lo Naranja Mecánica para que no se me cierre.

23:30, me siento como drogada, mirando un punto fijo mareada sin hablar.

23:40 Creo que no lo voy a lograr. Culpo mentalmente a mi familia por haberme acostumbrado a acostarme al tiro apenas terminaba la teleserie.

23:50 Estoy durmiendo. Todo se pudrió.

24:30 Desperté de un sobresalto. El micrófono estaba en el suelo y tengo la mano roja.
No hay nadie en mi casa, pero la puerta de la calle está abierta. Afuera hay ruido. Están todos los vecinos y cabros chicos unidos. ¡Ya pasó el viejitoooo, te lo perdiste! me dice el Marco, un cabro que a sus ocho pidió un libro de Darwin para colorear y cassettes de música clásica. Una prima grande me dice que debe ser un anciano reencarnado, yo no sé qué significa eso pero me asusta de todas maneras.
Me dan ganas de llorar, no alcancé a entrevistar al viejo culiao, todo fue en vano. Le pregunto a mi hermana si lo ha visto pasar por el cielo, dice que no. Bueno ¡capaz aún esté cerca repartiendo regalos! vuelvo a la casa a buscar mi equipo periodístico. Lo tomo entusiasmada. Siento un ruido al final del pasillo. Conchetumadre, es el viejito. Conchetumadre, conchetumadre, conchetumadre. Pongo REC a la radio para que comience a grabar. Avanzo por la oscuridad, mi corazón late tan rápido como la estrella de Belén. No veo nada, pero siento al viejito pascuero jadear. Debe estar cansado. Acerco el micrófono a mi boca y susurro “Amigos, aquí vamos a entrevistar a Santa Claus”, sigo avanzando por el pasillo, me se salen unas gotas de pichí. Me da una sensación diabólica y miedo. Nunca esperé poder ver a Santa Claus, y ahora me parecía algo fantasmagórico imaginarlo. Lo escuchaba jadear, sí, debe ser él. Sigo avanzando, no meto ruido, algo me dice que vaya sigilosamente para no espantarlo. Está en la pieza de las maderas y cachureos, Obvio, como no tenemos chimenea, es normal que entre a las casas de nosotros por la parte mas fea y trasera. Empujo la puerta. Mi mamá pega un grito y se levanta. Le estaba arreglando el cierre al viejito. Te gané Constanza.

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