MIJITA RICA

El otro día con mis amigos hablábamos de esa cosa rara de las mujeres de sentirse fea casi siempre, nunca estar en estado pleno de aceptación de “defectos” o incluso lo mal visto que es entre nosotras decir “ah, yo estoy rica” y resuelta, porque siempre va a haber alguien que te recordará tu celulitis que antes te importaba un pico, un rollo en la guata, la cara redonda, el pelo con frizz o incluso (como una marca de desodorante se encargó de inventar tal defecto, publicistas culiaos) las axilas mas oscuras.
Cuando era chica me avergonzaba que mi mamá, que ya era vieja para serlo, fuera a buscarme al colegio las pocas veces que iba, porque sus bigotes grandes, panza de embarazada menopausica y axilas peludas hacían reír sin disimular a mis compañeros. Ella no lo hacía como un acto feminista, sino porque trabajaba tanto que no le tomaba sentido a dedicarse a ella fisicamente ni menos a cultivar un espacio espiritual, intelectual y sicológico pleno. Para qué decir los dientes que le faltaban, que luego entre mi tía Maritza y ella lograron pagar en 36 cuotas y vendiendo las joyas que las viejas cuicas les regalaban en sus trabajos como nanas, cuidadoras de niños, ancianos y lo que fuera que no requiriera haber terminado la enseñanza media. Así, a sus 50 y yo con ocho años, se puso placa para rellenar esa boca incompleta para la gente que te juzga por tu pinta y no la historia que hay detrás. Mi mamá había quedado cesante  y encontrar pega en el barrio alto suponía “disfrazarse” como decía ella.
Pero me valía pico todas estas superaciones y sacrificios, yo era chica y mi mamá era la mas “fea” de las mamis si la comparábamos con las que veíamos en los comerciales de cloro, las tías de programas infantiles (tipo La Xuxa) o las barbies. Incluso la más fea de las mamás en la reunión de apoderados, donde las viejujas que no salían nunca aprovechaban de lucirse como si fuera un panorama. Me cargaba. Cateteaba a mi vieja para que se tiñera las canas, para que comiera menos pan y dejaran de preguntarme si estaba embarazada, para sentir que era mas mamá y menos abuela. Incluso fantaseaba que si se ponía “bonita” podría volver a pololear. Nada de eso pasó, mi mamá como la madre soltera que fue, con 2 hijos, trabajó doble turno, interna en familias ajenas donde al final verse bien poco importaba a la hora de cambiarle los pañales a los viejitos abandonados.

Cuando entré a la universidad y conocí el feminismo dejó de importarme si mi mamá andaba en la micro tomada del fierro con la axila peluda, si su ropa era demasiado excéntrica para sus 60 años y si se tiraba o no chanchos en la mesa. Qué más le podía pedir a alguien que trabajaba desde los 15 con una vida social reducida a llamar a las amigas y familiares por teléfono y vivir gracias a las aventuras de los demás.
Poco a poco comencé a parecerme a mi vieja, pero no era por falta de tiempo ni de dinero o por venir del campo donde la cosmética afortunadamente no es tan importante como sentirse útil y aportar en lo que sea.
Tomé una decisión política y dejé de maquillarme todos los días o al menos, de sentirme insegura por no hacerlo, dejé de depilarme y de vestirme para verme “rica” y preferí estar cómoda.
Sin sospecharlo, comencé a sentirme más atractiva que antes, al final del día los huevones que me agarraba o a los que les gustaba era por algo mas importantes que la faldita de mezclilla o las piernas suaves. Me sentí en la gloria. Salía de la ducha, soltaba la toalla, me agarraba las pechugas y tiraba un beso al espejo ¡Puta que estoy rica por la cresta! y así seguía recorriendome en el baño empañado. Me daba vuelta, puta no tengo poto, y así y todo la hago. Ohhh, mira esa cintura hueón, soy un sueño hecho realidad. Luego me soltaba la toalla del pelo y me creía un mito griego, entiendo a todos los jotes que tengo, si pudiera yo también me jotearía y mandaría sms a las 3 am. Y de esta manera llegaba atrasada a todos lados porque en las mañanas me autorregaloneaba. Si había tiempo hasta unas tocaditas soltemasturbinas me pegaba y empezaba el día radiante.

Mi mamá, lejos se sentirse identificada en mi, me retaba porque según ella andaba “fea”, que el Miguelito me iba a dejar si andaba así pelúa como hombre o que “la esta del feminismo me metió cosas raras en la cabeza”.
Nunca entendió que me sentía mas libre que antes; nunca le dije que ella me enseño que hay hueás mas importantes por las que luchar y subir el ego, y que achacarse por un rollo en la guata es lo que nos inventaron para creer que no podemos conquistar el mundo jijiji.

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