UNA COSITA POCA

En Mayo de primer año universitario me tocó hacer un trabajo con el Chiloé. Este cabrito era del sur, familia de campo, becado y  vivía en una residencia universitaria con 80 lucas mensuales que enviaban sus padres. Como su casa estaba cerca de la facultad, el trabajo de la U decidimos hacerlo ahí, por tanto la primera vez luego de clases pasamos al súper para comprar comida y pasar de largo terminando una entrega.
Teníamos entre ambos $1700 para comprar once y desayuno. Caminamos por el pasillo de la higiene y Chiloé lamentó no tener plata para comprarse un cepillo de dientes. Puta la hueá penca, pensé desanimada de no poder ayudarlo.
Llegamos a su casa con huevo, pan y una barra de chocolate y de repente aparece en la mesa un cepillo eléctrico.
-Bah ¡pensé que no teníai dinero! Chiloé – Le dije contenta de ver que se había comprado un cepillo.
-Me lo pelé po que hueá si no tenía plata.

Y Chiloé agarró vuelo, lo que empezó como una necesidad terminó en gustitos. Pagábamos el pan y mi compañero se pelaba quesos, nutellas, té de los siúticos, cremas para la cara y hasta toallas higiénicas me sacaba. Eramos felices. De juntar las chauchas a comer rico y gratis, un solo paso. Nuestras onces humildes evolucionaron a cenas pal pico, parecían citas románticas y en realidad chancheábamos todo robao’ y empezábamos a trabajar para la U tipo 12 de la noche… después de terminar el vino con los ñoquis.

Chiloé cada vez estaba más ratero y profesional, iba con una mochila especial al supermercado para pelarse más cosas, parecía mochilero con la hueá tan grande y llena. Su despensa de becado regional pasó a ser la más codiciada del blokeee y yo era su cómplice. No me pelé  nada por miedo a salir en Informe Especial, pero frente a las cámaras lo abrazaba como a un pololo mientras se echaba los terribles quesos y pescado a la mochila. Así fue como nos enamoramos y “asaltabamos”el pasillo de los chocolates, hermoso. Los Pulp Fiction de Av.Grecia, los Robin Hood de Gomez Milla o cisarros de Macul no más, depende de como lo miren.

Se acercaba fin de semestre y el trabajo de la U que estábamos haciendo no avanzaba nada. Chiloé empezó a pelarse copetes cuáticos y faltamos un par de veces a clases por curaos. Llegabamos a todos los carretes con whiskys, estabamos mas gordos pero con olor al mejor shampoo que un jumbo te puede “regalar”.

Nos echamos el ramo c*liao. Los papás del Chiloé lo retaron por carretero. Terminamos. No robamos más. Se acabó la fiesta.

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