LA TRANQUILIDAD

Luego de la muerte de mi mamá, mi reacción inicial fue tratar de volver a la normalidad lo antes posible. No quería más sentirme en la caca, no quería saber de cáncer ni enfermedades, ni funerales ni muerte. Tampoco quería que me preguntaran los conocidos sobre mi familia o yo, obligándome a tener una conversación con silencios incómodos y ganas de seguir tu ruta sin interrupciones.
Caminando por la calle imaginaba cuanta gente que se cruzaba tenía una enfermedad por dentro sin saberlo, cuánta gente en el correr de su sangre transportaba células tan malas como para matar las ilusiones de toda una familia. Células que matan riñones y futuros, estómagos y vacaciones, huesos y jubilaciones dichosas. Yo misma…¿Estaría enferma también? ¿Estoy loca o me salió un porotito al lado de la costilla? ¿Está creciendo el poroto?

Sus últimos días ahogué las pesadillas en el prometedor futuro que se venía, me iría a vivir sola, tenía a mi pololo apañador, me metería a cuanto curso y taller encontrara, viajaría, volvería a dormir de corrido y la vida recompensaría estos meses culiaos viendo cómo mi viejita se iba apagando y nos apagábamos todos al rededor. Su respiración y caminar eran tan lento como la energía que nos quedaba para socorrerla. Y la esperanza de un milagro estaba empolvada hace rato al lado de las botellas de vidrio que tenemos para reciclar.
Pasó que mi vieja se murió y luego de eso me patearon por andar histérica y gritona y porque mi pololo quería huevear después de tanta tensión ¿Cuando chucha me iré a sentir bien? era la pregunta a las 4 am todas las noches. El dolor de cabeza a esa hora bajaba por la frente, llegaba a los ojos cerrados y caía en forma de lagrimas de pena y rabia. Washo culiao pensaba por mi ex; Mamita linda preciosa, decía por mi vieja. Y así hasta que el sol iluminaba la pieza y era hora de levantarse y producir, porque encima había que pagar las cuentas y funeraria y cementerio. Cuando me muera, que me den de comida a los perros, resolvía.

Invocaba a mi vieja y le pedía calma. Invocava a mi ex y le pedía irse a la csm. Lo resentía tanto. Todas las veces que me dijo que apañaría fueron menos importantes que volver a carretear. La vida es banal. Las relaciones son banales. La muerte de mi mamá fue banal. ¿Cuántas mamá habrán muerto esa misma noche? no quería ser la única, deseaba que fueramos todos una tribu urbana de hijas veinteañeras sin mami y que nos juntáramos a tomar helado en Santiago centro y cada una contara lo peor y lo mejor de la experiencia, y entonces yo contaría que lo peor fueron los nervios y dudas si cada noche en los últimos 4 meses ella despertaría o no. Y lo mejor, sin duda, ser su acompañante a tiempo completo.

La pregunta sobre cuándo encontrar la calma  seguía en pie. Había que dejar el odio, había que desbloquear la pena y dejarla ir en un ataque de algo, llanto, risa, pataleta, lo que sea, pero no podía.
Año culiao maraco acábate luego, decía siempre. Hasta que un día luego de pensarlo, vi el calendario y caché que estábamos en febrero recién. Puta la hueá ni con la relatividad de Einstein la hacía mas corta. Ahí senté cabeza y asumí que la felicidad no podía ser una espera a terminar el año, que un cambio de folio no haría la diferencia. ¿Entonces qué hago? Dejé de fumar, reducí el copete y me metí a comienzos de este mes a miles de talleres y saqué pasajes para irme a viajar sola a fin de mes. Me ofrecieron terapias alternativas, pero ya me había decepcionado de ellas. Me puse a leer filosofía mejor y tratar de racionalizar lo que pasaba. Algún día cercano, toda la gente que conozco no existirá, ni yo misma. Nadie nos llorará. Como ya nadie llora a Prat o a los hermanos Carrera o a algún personaje de los libros de historia. Y nosotros somos menos célebres que ellos. Mejor vamos viviendo con lo que tenemos, despidiendo a los muertos y besando a los vivos. Pero por la cresta, cuesta más despedirse de quienes siguen en la tierra contigo que los que pasaron a la eternidad. Mi mamá estaba enterrada, ná que hacer. Mi ex en cambio, está vivo pero lo despedí igual.

A veces las hueás duelen tanto que no se sienten. De repente el ex daba lo mismo. De repente la muerte de mi mamá se convertía en aprendizaje, desprendimiento, amor y entrega. De repente pude dormir de noche, de repente desperté en mi casa nueva. De repente tuve ganas de salir y huevear como lo hacía antes. De repente hay que recordar que el tiempo todo lo cura. Locura.

5 Comments

  1. Paula

    Ay Solte! No sé ni que escribirte, siento que no se puede decir nada. Si estuviéramos de frente te daría un abrazo. La verdad es que tienes razón, en algún momento deja de doler, el tiempo lo cura todo. Cuídate y vive el hoy que es lo único que tenemos seguro. Abrazos.

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  2. pilar sotomayor (@pilarsotomayor)

    Puta Solte!!

    Te puedo comentar mi experiencia: Mi experiencia fue que se murió mi hermano, a los 3 meses me patearon “porque te quiero como amiga desde hace meses pero me daba pena dejarte sola”, a mi hermana la patearon (volvieron como al año después), mi otra hermana no se si la patearon o pateó, en fin. Yo cacho que después de tanta tensión por la muerte de un ser querido deja la cagá no solo en tu vida sino también en la de quienes te rodean. Lo importante es que superes eso, como dices al final que un día despiertes con ganas de hueviar y ser la misma de antes y que nada más importe que los lindos recuerdos de los últimos días con tu ser querido, a la chucha el resto que te hizo sufrir, tienes ya una carga re pesada que llevar y no tienes por qué andar cargando las weas del resto. En mi caso siempre recuerdo que esos últimos días dormí al lado de él (aunque tenía que estar cuidándolo xD ) y él se preocupaba que yo lo pasara mal por estar ahí (muchas veces me echó, pero soy porfiada y no me voy ni aunque me echen). Y que nunca lo vi convulsionando ya que justo me tocaba ir al baño o a comer, así que lo recordaré enfermito, ciego, medio sordo pero nunca sufriendo tanto como lo hacía. Y eso lo agradezco un montón.

    Un abrazo solte!!! Y echa pa’lante! 😉

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  3. Jise

    ay, solterita linda! Harto newen en todas estas etapas de la vida. Aveces confiamos demasiado en la gente sin entender que nada de su actuar estan en nuestro control, por lo tanto no se comportan como esperamos, incluso hace cosas moralmente incorrectas. Imagìnate que a mi me patearon sin decir nada. Despuès de 6 años, un hijo, nuestro hogar (hasta perros y gatos teniamos) me fueron a dejar donde mi vieja con todas mis cositas y mi hijito de 3 años, porque el weon queria tener tiempo pa tocar en una banda. Justo una semana antes de defender mi tesis, con mi papito recièn diagnosticao su segundo cancer, despues de prometerme la vida, amor eterno y, obviamente, apañe en todas mis cositas… De a poco me empezo a bloquear de facebook, instragram… Se fue de viaje a Chiloe (donde estuvimos años planeando ir como familia), me dijo que ya no tenia tiempo pa venir a ver tanto a nuestro hijo. Y ahora me vengo a enterar que el wea està pololeandoooo!! en dos meses el culiao ya esta enamoraoooo y andaba conquistando el sur con la loca nueva.
    Bueno, a lo que voy es que por mas que uno espera, la gente no tiene , al parecer, ninguna obligacion de actuar de la forma qe deberían.
    AH, soñé justo anoche contigo 🙂 un besito enorme y que el tiempo haga lo suyo y te haga renacer desde las cenizas. Pa construir hay que destruir todo dicen, y pa eso son las crisis en nuestras vidas, algo debemos aprender supongo.
    Un abrazo apretao.

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  4. locadelosgatosblog

    Yo soy parte de la tribu urbana de veinteañeras con mamá fallecida. Para tí fué un cancer que se la llevó, para mi fue el alzheimer que le dió cuando ella tenía 45 (en un tipo de alzheimer hereditario y poco común) es horrible porque se lleva todo y al final las personas que lo padecen no te reconocen y terminan convirtiéndose en el envoltorio de lo que algún día fue tu mamá, amiga, consejera…
    La gente dice que estas experiencias te hacen más fuerte y puede ser super cliché pero no menos cierto! Yo creo que cuando se pasa por cosas como estas hay dos opciones. La primera es que te hagas mierda y nunca te recuperes, la segunda es que te haga mierda, sufras, te de rabia y finalmente aprendas de ella.
    Yo opté por la segunda y veo que tu también. La muerte de mi mamá de verdad me hizo más fuerte y siempre que estoy mal, siempre que termino con el corazón roto o estoy sufriendo, recuerdo que si pude superar eso…puedo superar cualquier cosa 🙂

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