COLORÍN COLORADO

Un año nuevo que pasé en Valparaíso con un par de amigos de la universidad, conocí a un finlandés precioso y blanco como una tarde de invierno viendo películas en pijama.
La cosa fue mas o menos así: vino blanco, noche y viejas canciones. Nah.
Estábamos en el paseo Atkinson esperando los fuegos artificiales y con mis compas ya nos habíamos tomado todo el copetito a las 10 de la noche, eso nos significaba tener que hacer vida social con desconocidos para pechar vasos, piscolas y cigarritos.
Para lograr el cometido, nos dividimos con mis amiguitos y quedamos en juntarnos 20 minutos después afuera de los baños químicos con el botín. De esta manera, comencé a caminar sola un rato y en el periplo me encontré con otros amigos y amigas, un par de primos que me caen mal y nunca le achuntan a mi nombre real, un ex profe de la media que quería quedarse hablando de la carrera que entré a estudiar, unos punkys que querían arrimarse a mi y usarme de carnada para tener copete y por último, tropecé con un grupo de 6 guachitoscarnuos de Finlandia.
Me hice la súperlatina y empecé a hablarles en inglés cual Sofía Vergara o en su defecto, Luchito Jara y enganché con uno que se apiadó de mi tercermundismo y me dio DON vaso de pisco. Los cabros eran tan simpáticos y tenían tantas ganas de hablar con Chilenos, que les dije que me esperaran y fui a buscar a los baños químicos a mis amiguitos.
Nos hicimos un piño grande igual. Tomamos, reímos, e incluso uno de los filandeses me acompañó a mear detrás de un auto y me pasó papel higienico, porque así son estas fechas, sin vergüenzas y a potopelao (?)
Llegó las 12 de la noche, caos, griterío y nos abrazamos todos tan apretados que terminamos dándonos un gran beso en conjunto.  Ahí me percaté por primera vez de la presencia de un colorín piolita, flaquito, ojos azules, que había estado detrás de todos los otros vikingos de amigos que tenía.  Se llamaba Mikko. No sé ah, pero siempre me gusta el mas pollito de todos, como que me atrae que no sean alumbrados porque así hay que hablarles más intimamente para saber qué estan pensando realmente. Por otro lado, nunca había agarrado con un colorín y es sabido que dan buena suerte igual que las patas de conejo.
Así que ya verán, me aguaché al Mikko como pude. Le pregunté qué le había parecido Valpo estos días y por supuesto, le dije si acaso quería conocer más de la ciudad.

Terminamos separándonos del grupo. Terminamos agarrando en una Copec mientras hacíamos una fila para comprar bebida y usar el baño. Terminamos a las 5 am caminando de la mano en la arena hablando en idioma curao. Terminamos tirándonos en la arena y dándonos besitos más allá de la cara.

De repente, siento que el sol me pega fuerte, la cara me arde y Mikko me estaba lamiendo todo el cuerpo

-¡YA, YAAAA, no te pasís de listo filipino hueón!
-No soy filipino, soy finlandés ¡Y no te estoy lamiendo!

Habían dos perritos pasando la lengua por la bebida derramada en mi pierna y cuello, eran las 3.45 de la tarde y nuestras billeteras habían desaparecido (igual plancha que me roben la billetera y cachen que tenía lucaquina no más jijiji). Por su parte, Mikko estaba tan insolado que si le poniai alas parecía toalla higiénica.

-Oye pero Mikko, igual podemos vernos hoy en la noche u otro día =D

-No.

 

Ah, le dio color.

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