CALL CENTER

En la transición de salir del colegio y entrar a la universidark, comencé a trabajar en un call center. Tenía que hacer encuestas de 30 minutos diciendo que eran de 10 y me pagaban quina sólo por encuestas completamente realizadas.
Al comienzo me hacía como 3 lucas diarias, vale decir, lograba hacer 6 encuestas largas. La hueá miserable si agregamos que hacía calor y me compraba aguita, chocolitos y los malvados cigarros. Me iba a pérdida y no tenía sentido calentar el asiento por ganar nada de dinero. Previamente había postulado a promotora, pero no me dejaron porque era muy enana y ya había sido empaque y siempre me tocaban viejas cagás que le llenaba 2 carros y se iban diciendo que no tenían monedas ( repudio a la señora que una vez no donó los $3 a MariaAyuda ¡Y ME LOS DIÓ A MI, VIEJA CULIÁ MISERABLE!, en fin). La cosa es que quería irme de vacaciones y necesitaba platita así que inventé mi propia técnica para hacer más encuestas: si me contestaba una mujer me ponía a hablar en tono místico y terminaba hasta “tirandole las cartas” por teléfono, mientras ellas iban lentamente respondiendo mis encuestas fomeques, y si contestaba un hombre, ponía voz califa-sexona y me reía coquetonamente de las tallas que me tiraban. Recuerdo una de esas conversas:

-Señor Juan Carlos, siguiendo con la pregunta 69, jajaja uyyy, no se me vaya a poner picarón eso sí, ooohh aaah (sonido orgásmico), disculpe, es que me dió un tirón en el cuello, sigamos, Señor Juan Carlos, ¿cuál de las siguientes marcas de ropa prefiere usted?…. – pregunté mientras el resto de mis compañeros/as miraban con cara de “QUÉ CHUCHA LE PASA A ESTA ENFERMA QL”.

-Señorita – Preguntó Juan Carlos – ¿Cuando termine la encuesta me puede dar su número y seguimos conversando?
-Por supuesto, pero primero terminemos esto, no sea pillín.

Siempre daba números inventados o de gente que me caía mal jijiji, pero una vez me contestó un hombre jovencito, según la encuesta, tenía 23 años y una voz capaz de calentar hasta a Evelyn Matthei po’ lokoooohhh. La que empezó a fluir en la imaginación era yo, lo dí todo para que al final de las preguntas (eran más que PSU de lenguaje) me pidiera algún contacto. Y llegado el momento, Guillermo me dice: “oiga y ya que le regalé 45 minutos de mi vida, ¿usted podría regalarme unos 45 minutos tomándonos un café?”. Le dije que sí, le dí mi nombre real y número de celular y empezamos a mandarnos SMS.

Paralelamente mi dinero diario ganado en el call center iba bastante bien, me estaba haciendo 20 lucas diarias promedio, pero mis compas de trabajo me tenían como la putana de la hueá, no los juzgo porque era parte del personaje que estaba desarrollando. Igual eran casi todos/as otakus post-góticos y supuse que me veían como una cabezahueca, mientras yo los veía a todos en versión animé.
Un buen día quedé de juntarme con Guillermo. No sabía cómo era él ni él sabía cómo era yo. Era todo un gran mihterio’.
Me depilé hasta el deo gordo del pie por si las moscas (¿soy la única que le salen pelitos ahí? y nos juntamos en un Bravísimo en Pedro de Valdivia. Me senté y no vi a nadie veinteañero, pedí un café helado para seguir esperando y llevé un libro salvador para hacer hora. De repente, me fijo en un viejofeo parecido a Willy Sabor físicamente, que me miraba hace rato pero no se acercaba. Putalahueá obvio que era él, ¿qué chucha hago? en el peor de los casos encontré un nuevo amigo ¿o no?, putalahueá por qué me meto en estos cachos. PUTALAHUEÁ por qué soy tan yuyinaaaaaa. Guillermo, o mejor dicho DON Guillermo, se para del puesto y camina hacia mi mesa. Saqué el celular y me puse a marcar cualquier número para safar.

-Solte, ¿eres tú? No pareces de 25 – Dijo con la misma voz sexona que me hizo fantasear en el teléfono.
-Noooo Guillermo, no soy yooooo, y voh no parecís de 23 a menos que tengai una enfermedad. Oye me tengo que ir, ¡suerte! – Dije apuradamente, salí semicorriendo y sin darme cuenta hice perro muerto.

El lunes de vuelta al trabajo comencé a hablar normal, a hacer 6 encuestas diarias pero el daño ya estaba hecho. Me echaron poco después porque las conversaciones eran grabadas y el jefe me dijo “Solte ¡Es inaceptable que una voz de la empresa haga insinuaciones por teléfono!” y yo le hice un remix “¡¿Y pa´qué me contratan, si saben como me pongo?!

One Comment

  1. Valentina

    Jajaja buenísimo! Haces que esas historias rancias de la vida se lean entretenidas!
    Creo que gracias a tus historias muchas chicas dejaron de lado Las Sombras de Grey y comenzaron a leer más. Te felicito 🙂

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