PERDEDORA

En kinder una vez fui a clases cuando no había, porque olvidé mostrar en casa la libreta de comunicaciones. Al día siguiente la tía del curso dijo que yo había ido el día anterior por mi irresponsabilidad de no mostrar los avisos a los padres y fui el hazmerreír de la sala, pendejos culiaos pesados.

Luego en cuarto básico, asistí vestida de huasa un día antes del correspondiente, naturalmente fui la burla del colegio en riesgo social en el que iba. Una compañera me prestó su delantal para que pasara mas piola pero mis zapatos de charol y calcetines blancos con vuelito delataban el traje típico oculto. Repudio a mi madre que cuando me fue a buscar decía “aaah pero ellos son los tontos, si es lindo vestirse de huasa”, mientras yo lloraba.

Meses después, en quinto básico, había que hacer equipos para volleyball y a mi me eligieron de las últimas, osea tecnicamente no me eligieron, sino que por defecto quedé en un equipo donde nadie me tenía fe. Igual no los culpo tanto, porque pegué el estirón muy tarde, en quinto parecía un embrión aún y me veía debilucha.

Todas esas veces experimenté la misma sensación, sentirse perdedora y avergonzada. Crecí y mi vida social era estupenda pero a los 21 volví a sentir el patetismo.

Tuve una junta con compañeros de la básica – sí, con los mismos que se burlaron de las situaciones anteriores- y reconocí al Pablo, un compa que misteriosamente había dejado de ir en tercero. Las malas lenguas decían que su padre era narco y se habían arrancado de la ciudad, pero él esa noche contó que su mamá había tenido una enfermedad así que vendieron la casa para busscar algo mas barato, he ahí su cambio de colegio. Me alegró saber que seguía vivo porque nos gustaban las mismas películas Disney en ese tiempo y me regalaba de esos arroces de colores que vendían en los quioskos -que hueá mas rica y tóxica-. Como intuirán, Pablo, Pableeeetohhhh estaba precioso, su extinto corte pelela dio paso a un peinado pseudo hipster que le quedaba bastante bien.

Luego de ese carrete de reencuentros a lo Venga Conmigo, Pablin me agregó a facebook y un miércoles me invitó a salir, explícitamente dijo: “Soltera, ¿Vamos el viernes al Bodeguero?”, a lo que respondí que sí y acordamos juntarnos a las 6 pm en la entrada del local. Eso para mí es concertar una junta, el viernes era sólo en dos días más.

El día de la cita, en la universidad no tenía clases así que me quedé en casa haciendo unos trabajos en la mañana y luego en la tarde comencé a enchularme. Me cambié como 4 veces de ropa, nada me convencía. Pablin me había tincado y estaba un tanto ansiosa, – en realidad no me había gustado brígido, pero en esa época estaba demasiado soltera sin acción y mi ego estaba momificado-  me maquillé un poco, saqué dinero, y partí a Manuel Montt.

Llegué como 15 minutos atrasada, no lo ví. Pensé “pucha me atrasé, se debe haber ido, las cagué”. Lo llamé al celular, digo “hola Pablo, soy la Solte, ¿Cómo estás?”, Pablo responde:

-Bien acá en la casa de unos amigos jugando play.

-Ahhh eeemm, oye ¿Te acuerdas que el otro día dijiste que nos podríamos ver hoy? – hablé haciéndome la huevona.

– Ah sipo, te aviso cuando pueda, ahora no porque estoy con mis amigos.

-Si dale, no hay problema – respondí antes de cortar y patear la perra.

Me sentí tan tonta, mas encima mi celular se descargó minutos después así que no pude salvar el viaje llamando a alguna amiga/o. Volví a casa sumida en la verguenza, pensando que era muy desesperada haber tomado literal el “este viernes nos vemos a las 6 pm afuera de tal local”… cuando lo pensé bien, o quizás no tanto pero para salvar mi ego, si la junta tenía hasta hora, no fui tan huevona, sino él era un canalla.

Esa historia pasó en una época de soltería con poca acción y encerrada por la universidad. No me puse a llorar, pero acentuó lo sola que me sentía en ese momento y nunca le conté esta historia a alguien. Pablo nunca me pescó, en otra junta Venga Conmigo me lo comí de aburrida, unos besos piola, realmente no tenía otro pinche para picar.
Un par de meses después, mi mala racha y cara-de-potismo ante la vida terminó y borré a Pablo de facebook. Ayer lo vi y vende parchecuritas en metro Estación Central, ¡ venganza divina ! Nah mentira, su vida sigue la raja… pero la mía también.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s