Horas Extras

Nos quedamos terminando un montaje hasta tipo 4 am.

Siempre reclamo las horas extras impagas que a veces tenemos los diseñadores u otras carreras creativas pero esta vez no me importaba tanto porque estaba mi compa, sí, el casado que me gusta.

-Solte ¿Vamos a comprar cervezas a la botillería? – Me dijo como a la 1 am.

-Oka, digamosle a la Clau si nos apaña – respondí muy dije, sin intención coquetona.

-No, vamos nosotros y la hacemos corta – agregó haciéndose el huevon mientras se las arreglaba para que salieramos solitos.

Avanzada la primera cuadra en la calle ya me estaba diciendo lo mismo de siempre, que se está separando, que debe estar solo, que con su esposa se encerraron mucho y es hora de crecer él solo, etc.

-¿Y sabes qué?, desde que estamos en la misma área (de trabajo) me he sentido muy cómodo contigo, hace tiempo que no tenía una amiga, mi esposa es muy celosa y no me deja hablar con otras mujeres.

-Uhhh, la huevada enferma de relación entonces – respondí matapasiones.

Seguimos caminando en silencio, compramos un sixpack de chela y unas papas fritas, me convidó un cigarro y caminamos de vuelta al montaje mas callaos que gótico en almuerzo familiar.

El camino de entrada al recinto que montábamos era largo y oscuro. Seguíamos sin hablar y la tensión sexual era extrema. Él volvió a interrumpir el silencio.

-Me encantas.

-¿Y qué piensas hacer al respecto? – dije seria po qué hueá si ya no estoy pa’ andar de patas negras.

-No sé, esperar la separación. Ha sido lento, tenemos que vender las cosas del departamento, pagar unas deudas que tenemos juntos, y ella está muy mal, tiene que ser algo lento todo esto.

Nos quedamos callados con la cara a 5 cm una boca de la otra. Él respiraba agitado y casi no se le veía el rostro, salvo los ojos brillantes.

Conchetumadre que hagooooo, pensé.

Seguimos nuestras miradas clavadas hasta que dije “ohh viene alguien con una linterna ahí”.

Era la famosa Claudia que nos salió a buscar de pura angurri por la chela. Seguí caminando más rápido que él  hasta llegar al galpón.

Terminamos de montar a las 4 am, todos rajas de cansados y yo que cruzaba cada tanto miradas de la perversión con mi compañero casado.

Finalmente corté por lo sano y llamé a un amigo:

-Camilo, ¿estai en tu casa?, salí de la pega recién, puedo ir a dormir allá?

-Sí obvio, ven.

Camilo estaba acostado viendo películas cuando llegué. Me puse su pijama que era una polera skater desteñida con cloro y un buzo roto en el entrepierna. Puse la alarma del celu a las 8 am para volver a la pega y nos quedamos dormidos cucharita.

Cucharitas van, cucharitas vienen, a las 8 am junto al sonido del celular las manitos de Camilo comenzaron a recorrerme y yo las guiaba. Su mano se posó bajo la polera y tocaba mi torso mientras yo en un débil tono entre sobredormida y caliente decía “uhh no Camilo nosotros somos amigos” y le guiaba su palma alrededor del cuello hasta llegar a la cintura. “Uh Camilo es que voy a llegar tarde a la pega”… “¿tenís condón?”…”uhhh Camilo que plancha si somos súper amigos… ohhh sii, mas abajo sí, así….”… “Oh alarma culiá que no deja de sonar… “Ahhh jijijiji Camilo ohhh, apaga la alarma, sí, mas abajo, aaah qué rico”…

y así hasta que me di cuenta que llegué terrible tarde al trabajo por el cachondeo con mi amiguito.

Al casado ni lo pesqué hoy, aunque igual de lejos fantaseaba con él, prefiero que deje de dar pena con su espantoso matrimonio y se separe o deje de huevear… mientras tanto, las manos del Camilo me recordaron lo sobrevalorada que está la penetración jijijiij

¡más manitos amigos, en el lugar adecuado!

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