HADA MADRINA

Nunca me disfracé en halloween cuando pequeña, no por una prohibición familiar anti-yankee ni por un tema religioso anti-diabólico, sino porque no tenía ningún disfraz bacán.

Salía de “civil” a pedir dulces o con máscaras cumas que hacía con una hoja de block y lentejuelas, cuyo concepto era abstracto, prácticamente el disfraz era ser “una hoja de block asesina”. Una vez mi madre sólo me pintó un diente negro con un plumon permanente y dijo “sal de vagabunda”, al no tener que cambiarme de ropa, años más tarde entendí que quizás mi ropa reciclada de mis primas grandes era lo suficientemente marginal para no necesitar otro accesorio. Mención honrosa cuando una vez saqué una sábana blanca de la cama matrimonial, le corté 2 orificios y pedí dulces en calidad de fantasma, como estábamos en plena crisis asiática, mi vieja me dió Don Charchazo porque no tenía plata para comprar otra sábana y tuvo que dormir con 2 hoyos con cejas (le hice expresión facial al fantasma) por un año entero.

A los 19, con mis amigas de la universidad decidimos ir a un carrete de halloween. El lugar quedaba a 1 hora de mi casa en micro y ninguna de nosotras tenía auto, por otro lado, si queríamos entrar gratis a la fiesta debíamos llegar con disfraz. Ya esta pura premisa da para pensar que no va a salir nada digno de esto.

No sabía de qué vestirme, por alguna razón las mujeres siempre se disfrazan de putas encubiertas: “gatita SEXY”, “policía SEXY”, “diablita SEXY”… cualquier cosa para mostrar las presas, pero no quería eso, quería algo original y/o chistoso.

Mi primera opción era ir disfrazada de Gonzalo Cáceres, pero el relleno de almohadas para verme “gordo” se veía mal, muy falso. Segundo intento: hice con cartón y spray de colores unos arcos que salían desde una cadera hacia la otra pasando por arriba de mi cabeza, para ir de aurora boreal, pero era muy conceptual y ahueonao el traje. Tercer intento: Oblina de “Heeey Monsters”, pero con mi traje negro con blanco a rayas sólo parecía un reo.

Esa semana en la universidad nos enviaron un trabajo grande para el lunes siguiente, por tanto debí dejar de hacer disfraces y dedicarme a aquello.

Llegó el día del carrete y tuve que ir a un local de arriendo de disfraces cerca de mi casa. Por la fecha, estaban casi todos agotados, salvo uno de “caperucita SEXY” y otro de hada madrina, que venía con alitas, antenas (¿Por qué chucha tenía antenas?), un enterito celeste y una faldita acampanada de papel crepé. Filo, arrendé ese. Para no tener que ir desde mi casa en micro así, fui donde una amiga que vivía cerca de la disco – que también iría a carretear allá- a hacer la previa y disfrazarme.

Dejé toda mi ropa normal en su casa, salí con el traje puesto, mi cara con lentejuelas y una carterita con el pase escolar, el celu, carnet de identidad y plata para el copete.

Empezamos a bailar en círculo con mis amigas – que viejos tiempos, ahora apaño a puros carretes en casa o bares – hasta que llegaron perversos a sacarnos a bailar.

Todas mis amigas nos separamos y terminamos agarrando con una diversidad de Michael Jackson, vaqueros, gansters, superman, entre otros. Las alas de mi disfraz le pegaban a varios mientras bailaba, así que la gente se volteaba a echarme la foca. Por ese motivo y no otro, le dije al Gato Juanito con el que estaba en ese momento que mejor fueramos a un rincón. Él interpretó mi propuesta como un “vamos a hacer cochinadas”, así que se rajó con un copete y nos quedamos en una esquina mas piola. Nos dimos unos besitos locos hasta que prenden las luces y nos avisan que la fiesta ha acabado. No me di cuenta cuán rápido había pasado la noche, con Gato Juanito buscamos a mis amigas pero no las encontramos. Me metí entre la gente, perdí de vista a mi pinche y quedé sola. A los 40 minutos dando vueltas me resigné que no encontraría a nadie, todas tenían el celular apagado. Me tincó que estaban con algún chiquillo haciendo el feliz halloween.

Ya fuera de la disco, no sabía que hacer, me quedaban 5 lucas y con eso no llegaba a casa. Estaba en la plaza San Enrique, casi las 6 de la mañana y a mis amigas les estaba deseando un poco la muerte.

De repente, un grupo de minos me pregunta si ando sola, les cuento rápidamente mi situeichon y me acercan a un lugar con más tránsito, pues a esa altura ya había decidido irme a casa en micro.

Llegué a una esquina, asomaban los primeros rayitos de sol, parecía prostituta del Mundo Mágico con el traje de hada, me acerqué a un Pronto Copec y pedí un café y un pan con queso.

Ahí estaba, sola, con la falda de papel crepé toda rajada, las alas con hoyos por quemaduras de cigarro, la cara con lentejuelas y el delineador corrido, comiendo un pan como el Coca Mendoza cuando come fideos.

Los pajaritos cantaban, yo pensaba que mejor era haber ido con el disfraz de Gonzalo Cáceres,  total sin el relleno de gordura, quedaba como una túnica de leopardo, harto más decente que mi condición actual. Mis amigas empezaron a llamarme pero no les contesté. Todo siguió así un par de minutos, hasta que a mi lado se sientan dos jóvenes de unos 21 años, me miran y se cagan de la risa. Los miré con cara de “chúpenlo” y les dije en mi tono mas marginal “cabros ¿No tienen un cigarrito pa’ pasar la vergüenza?, acto seguido, nos quedamos los tres fumando afuera del local. Los dos tipos eran guapos, pero yo creí que eran gays así que no hice cambio de luces con ninguno.

Era de día oficialmente, había gente desubicada trotando en la calle como refregándonos nuestro colesterol alto y pulmones pre-canceroros, y mujeres regando el antejardín, mi Dios, creo que las únicas veces que me levanto antes de las 11 am un domingo es para buscar los huevitos de pascua, tradición que me niego a dejar, en fin. Me despedí de los muchachos y tomé una micro rumbo a casa. Sobre ella, mismo panorama, gente que iba a la feria, niños hiperventilados que me apuntaban y preguntaban a sus padres “papá, papá… ¿Qué es eso?” y los padres respondían “un zombie de halloween hijito, no, no apunte con el dedo que es de mala educación”. Me bajé, caminé unas 10 cuadras a casa, en cámara lenta, sin sacarme las alas, ya estaba en esta, iba a seguir rancia hasta el final, abrí la reja de casa y me acosté.

Desperté a las 4 de la tarde, mil llamadas perdidas de mis amigas y sms tipo “¿Hueona dónde estai? te buscamos toda la noche”.

Prendo el computador y veo una solicitud de amistad en facebook, era uno de los chicos de la Pronto Copec. Pololeamos 4 divertidos meses – no éramos amorosamente compatibles-  y ahora somos muy amigos.

Moraleja: ¡Aguanten los disfraces del terroooor! (?)

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