EDUARDO (cita del post “fiebre de sábado por la noche)

La semana pasada fue extraña. Renuncié al trabajo, terminé arrancando del guanaco en la marcha nocturna por la educación, tuve la surrealista cita con @Hijo de Tigre y el miércoles me junté con el chiquillo que había conocido en la micro el sábado pasado.

Estaba nerviosa. Hice una buena campaña entre el domingo – el día después de conocernos- y el día de la cita, a través de whatsapp y facebook. Hartos chistes, un par de likes, le envié canciones de youtube que justo le encantaban – que emoción cuando te dicen “OHHH CSMMM TAMBIÉN TE GUSTA ESTA BANDAAA” – cambié mi foto de perfil sólo para llamarle la atención y le puso una carita feliz – pequeñas emociones posmodernas- y lo invité al cine.
Fuimos a ver la película El Bosque de Karadima, él la eligió, yo ya la había visto pero me quedé callada. Nos juntamos en metro Moneda, compramos las entradas y debíamos hacer 2 horas de tiempo antes que empezara la peli. Como yo pagué los boletos, él me invitó un café.
Caminamos, mi pelo y ojos se iluminaban con los rayitos de sol que asomaban y me creía la raja, porque el chicoco me miraba bastante y yo sabía que me veía bien. Nada malo podría pasar. Era simpático al comienzo, hablamos principalmente de música y yo salía con mis chistes ahuevonados entremedio para sacarle una risita.
Llegamos a una cafetería bastante escondida, él pidió un capuchino y un pastel y yo sólo un café corriente porque había almorzado hace poco y estaba in shadows (“hinchada”). Pésima idea, olvidé que en cuarto medio tuve colon irritable por el estrés de la vida y el café me hacía pésimo, cuando estuve haciendo mi tesis también y esta hueá de volver a estar sin pega me tenía el estómago para la cagada nuevamente. A los 2 sorbos de café supe que debía ir al baño. La cafetería tenía un baño pequeño cuya puerta daba inmediatamente al salón donde estaban todas las mesas, así que cuando fui sólo me lavé las manos porque no podía arriesgarme a que se escuchara algún sonido intestinal.
Volví a sentarme. Eduardo – mi cita – preguntó si acaso me pasaba algo, pues me notaba pálida. Le dije que no, que quizás me iba a resfriar, que siga lo que me estaba contando.
Yo me hacía la hueona y trataba de evadir el hecho de no poder seguir tomando café, Eduardo por su lado hablaba y hablaba, todo era “yo-yo-yo-yo”, y a mi no me preguntaba nada. En cierto punto eso era una ventaja porque así me concentraba más en apretar para que nada saliera y secarme las manos que ya estaban sudorosas. Pensaba ir al baño cuando llegaramos al cine y poder ver la peli en paz.
Mis retorcijones estaban heavy metal, mientras Eduardo hablaba yo veía sus labios y pensaba “¡ Me voy a cagar acá mismo csm ! ¡Eso me pasa por haber publicado la historia del Jimmy Fecal !”, la hueá incómoda, no se lo doy a nadie, me venían los sismos epicentro en el duodeno cada 5 minutos aprox. En esos minutos de tranquilidad podía conversar y aportar cosas, aunque a Eduardo por su lado parecía no preocuparle el hecho de que solo él conversara y su extrema autorreferencia.
En un instante me mira, pasa su vista por mi café frío y su reloj, se pone de pie y dice “es hora que volvamos al cine”… yo sólo escuchaba “es hora que vayamos a un baño”.
En la calle, cuando volvían los retorcijones, me agachaba haciendo como que tenía una molestia en el zapato, cada cuadra que avanzamos era un capítulo de Game Of Thrones por sobrevivir. Si no hubiera notado que Eduardo era tan egocéntrico y superficial – que onda su rollo con las minas, me dijo “sí, no pidas pastel porque a las minas las engorda” – le habría dicho carepalo lo que me pasaba, pero no me dió la confianza para hacerlo. Llegamos al cine por fin, pero el conchesuardo me dice, “puedes hacer la fila es que quiero ir al baño” y me dejó sus cosas. Se demoró como 25 minutos – en tiempo intestinal, en realidad fueron solo 5 minutos en tiempo humano- volvió y le dije, esperame ahora tu a mi.
Fui como pude, probablemente caminado como un velocirraptor. Había como 10 hueonas esperando el baño para retocarse el maquillaje y mear, yo sentía que lo mío era un tema país, prioridad nacional, Chile ayuda a Chile, así que dije en voz alta “necesito pasar urgenteeee”.
Hice lo mío, salí y me sentí libre, Eduardo me esperaba, yo iba haciendo el moon walk de la felicidad, vimos la peli y al término de ella me invita a un pub.
Con la mente – y colon- despejada pude cachar bien que efectivamente él hablaba solo. Creo que la única vez en la noche que me preguntó algo fue para decir “¿Ya pediste tu copete?”. Ni pensar que casi pierdo una tripa por él. A la salida nos despedimos y me quiso dar un beso pero le corrí la cara, su belleza física no compensaba el hecho que fuese tan arrogante.
Como gasté sólo el dinero de las entradas y todo lo comido y tomado lo pagó él, tenía exceso de saldo para la noche, así que llamé a una amigo, pasé a la boti y bueno… el resto es para otra confesión.

MORALEJA: No sacrifiquen una tripa JAMÁS si no es por amor de verdad.

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