Couchsurfing

Me fuí 6 meses a Brasil a una pasantía, que era una especie de práctica profesional, pero como yo iba a aprender y no a producir, no me pagaban. Llevé dinero desde Chile y con eso me mantuve piola, hasta que me di cuenta que el último mes no me alcanzaría para el arriendo y los gastos diarios así que se me ocurrió hacer couchsurfing.

Para la gente que no cache bien, Couchsurfing es una red social donde gente hospeda viajeros de manera gratuita en su casas a cambio de nada, de buena onda no más y de juntar buenos comentarios en su perfil de la página para que, si ellos viajan, los hospeden también en otros países.
Así que el 6to y último mes viví de esa manera, en casa de desconocidos -en el perfil ves los comentarios que les hacen, así te haces una idea de la persona que te aloja y puedes denunciar si es un sicópata o asesino serial-.

Comencé quedándome en casa de un argentino que vivía en Sao Paulo, él era profesor de física en una universidad. Antes de llegar a quedarme a su hogar, nos juntamos en un café para conocernos y cuando nos vimos fué evidente la cara de “guachitx ricx” que pusimos ambos. El hueón me hablaba de universo y la teoría de cuerdas y yo le hablaba de la pachamama y de las paltas… nos encantamos. Terminamos culiando en esa reunión en su depa y me quedé con él 5 días seguidos. Me quise ir para no ser tan barsa, pero seguimos chateando hasta el día de hoy.

Con el segundo chicoco (siempre me aceptaban hombres y eso que también envié solicitudes a mujeres) fué todo mas raro. El día que llegué a su casa fué súper buena onda, conversamos caleta y luego yo dormí en el sofá-cama del living, pero la segunda noche, mientras veíamos una peli sentados en el sofá caché que me empezó a abrazar de a poco y yo no quería nada con él, no por feo si era todo lo contrario, pero no quería no más, no siempre una persona quiere tirar el poto a la chuña ¿cierto?, bueno , sentí que como mi rechazo fué evidente al día siguiente este tipo estaba mas pesado conmigo, lo cual se acrecentó cuando llegué de la pega a la casa y este chico había recibido a 2 venezolanos hippies, así que me pidió que durmiera yo con él y los 2 nuevos viajeros dormirían en el sofá-cama. Me negué, le dije que prefería dormir en el suelo y el tipo se ofendió. Me fuí a la mañana siguiente.

Me quedé un par de días en un hostel hasta que me recibió un brasileño llamado Fabrizio (no se llamaba así, pero tenía el pico grande así que este nombre de fantasía le queda bien) que era ingeniero en no se qué hueá y al conocernos nos llevamos la raja. Nos hicimos muy amigos, carreteábamos, conocí a todos sus amigos, haciamos fiestas en el depa, yo tenía llaves de su hogar para llegar a la hora que quisiera, invitaba a la gente que quería, usaba la piscina y lavadora del edificio, etcétera, era como el sueño de la casa propia pero pechando todo. Es que… oh el hueón buena onda se pasó. Él era así de desprendido porque me contaba que estuvo viajando por el mundo casi un año y siempre lo habían tratado bien y quería devolverle la mano al destino, además así juntaba jumbitos por si venía a Chile (meeh, el culiao había ido hasta a Bangladesh y no había venido a Chilito).
Fabrizio era guapo y se paseaba por su casa en calzoncillos. Yo dormía en el living y veía como meneaba ese potito con su bronceada y marcada espalda al pasar por el pasillo. Me tenía verde, fantaseaba caleta con que nos comíamos, estaba mal, quería que nos topáramos en el pasillo y me encerrara con él en la ducha, estaba todo el dia caliente en ese departamento. En la pega me imaginaba si acaso al volver a su depa sería ese el día en que nos comeríamos. Pasaron los días hasta que una noche carreteamos separados y llegamos juntos tipo 5 am al edificio. Nos encontramos esperando el ascensor y subimos juntos. Entramos, conversamos sobre cómo lo habíamos pasado esa noche y me dije “y bueno, voy a ir a dormir… ¿tú también?” y le respondí con la mirada MAS PERVERSA y tajante que he hecho en mis 26 añitos “yo no quiero dormir”, pasaron menos de 2 segundos y agarramos.
Oh hueón como culeaba Fabrizio, follamos mas rato que la Danza da Maozinha, mas rato que fallo de La Haya, mas rato que la risa de Viñuela… y no nos cansábamos. A la mañana siguiente desperté con un poqui de vergüenza porque no sabía como sería la convivencia después de eso, así que me iba a levantar, pero él me tomó del brazo y de nuevo… shiuuum pa’ entro.
Los días siguientes fué todo como antes de buena onda pero me sentía demasiado pechadora, llevaba casi un mes con él, así que la semana que me quedaba en Sao Paulo lo pase en un hotel barato. Él pensó que era una tontera que me fuera y decía que no tenía ningún problema en hospedarme lo que faltaba, que se había encariñado conmigo y que lo había pasado la raja estas semanas juntos. Por mi parte no tenía problema en haberme quedado pero no podía creer que de verdad alguien fuera tan desprendido y relajado compartiendo sus cosas sin nada a cambio -la cachita fué casi al final de mi estadía y porque yo me lancé así que él no era un degenerado-.

Filo, me fuí a pasar la última semana brasileña en soledad, paseando, comprando cositas con el ahorro que me pegué con los couchsurfing, despidiéndome de los amiguitos me que hice allá y nada, mi moraleja es:
¿Pa’ que me hospedan si saben como me pongooo?

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